El cerebro del adicto (Fénix)

04_11_2017 HOY_SABADO_041117_ Opinión8 A

Fuimos invitados a participar en un interesante conversatorio por la Fundación Fénix, sobre el tema de la “Familia Sana”. La Fundación Fénix, cumplía con esta concurrida actividad 23 años de fundada, siendo una fundación dedicada al manejo de las adicciones y la gran motivación del encuentro era “volver a vivir”. La institución, ya consolidada, tiene como mentora a la señora doña Giralda Bustos de Imbert, quien junto a un equipo de personas altruistas han realizado una obra de bien. Disfrutamos la dicha de ser testigos desde los primeros pasos para la fundación de la institución, pues tuvimos el gran honor de estar entre los médicos de don Antonio Imbert Barreras por años y esto nos permitió ser deponente de la encomiable labor de su esposa y ser testigo de primera mano de lo que ha significado realizar esta titánica obra que ha devuelto a la vida a muchos que han caído en la adición, acción loable que merece el reconocimiento público. Ya lo dijo el más grande de Cuba, el prócer José Martí: “Los hombres van en dos bandos, los que aman y fundan, los que odian y deshacen”.
Los expositores en la actividad fuimos el Dr. Rafael Johnson, médico Psiquiatra especialista en adicción; el Dr. Alberto Santana, distinguido gastroenterólogo; el Lic. Hugo Herrera, fundador del Centro Terapéutico Equilibrium de Miami (para la adicción) y un servidor. Mientras los distinguidos disertantes hablaban, yo pensé en el cerebro del adicto y en cuáles mecanismos se activan para llevarnos a la dependencia y la adicción. Hoy es aceptado por el estamento científico que la adicción no es ni por debilidad de carácter, ni es por raquitismo moral o una impotencia de la personalidad, es en verdad una enfermedad que se caracteriza por la repetición compulsiva de una actividad pese a su carácter dañino y autodestructivo.
El “deseo” se desencadena con la dopamina, que se origina cerca de la parte superior del tronco cerebral (esta es la parte que conecta la medula espinal con el cerebro), ella viaja por las vías neuronales para actuar sobre el cerebro. La dopamina, es un neurotransmisor que está relacionado en el cerebro con las adiciones y el placer, y, cuando ella baja se buscan entonces vías de recompensa. Aunque la dopamina se secreta en varias partes del sistema nervioso, es mayor en el área tegmental ventral (ATV) del tallo. Luego pasa a las amígdalas, son unas “avellanas” situadas en la profundidad cerebral (en la sien) que controlan todas las emociones incluyendo las de satisfacciones, recuerdos, ansias, placeres y miedos. Sigue el trayecto dopaminérgico hacia el cuerpo estriado dorsal, área intermedia entre lo profundo del cerebro y la corteza cerebral, cuyas neuronas participan en el proceso de habituación al identificar los patrones agradables, como la sensación de usar drogas sabiendo lo que viene después. Sigue la corriente de dopamina hacia el núcleo accumbens; es aquí donde hay una parte clave en las adicciones, pues allí se amplifican en estas neuronas las respuestas del placer. La corteza prefrontal, es la siguiente estación ya en la sustancia gris del cerebro (en la frente); en esta área se produce un aminoácido, el glutamato que interactúa con la dopamina y provoca visualizaciones que inducen el deseo de consumir. En la última estación está la corteza orbitofrontal; este centro proporciona una sensación de gratificación, pero también es la primera zona que se apaga si la persona se ha excedido, es nuestra “conciencia” seria, que nos hace sopesar las malas acciones. En el cerebro hay otros centros de placer que son los centros hedónicos no dependientes de dopamina, estos proporcionan solo sensaciones temporales de placer y forman un bucle de retroalimentación con el sistema de recompensa que controla los deseos. Hay una diferencia entre los fuertes deseos y las emociones: estas últimas dependen de las creencias mucho más que el “craving”, que es la sensación de compulsión y de ansiedad que provocan todas las adicciones. No obstante, todos los deseos se caracterizan por tener un componente emocional más o menos fuerte, por un “estado visceral”, o sea, por una perturbación de la homeóstasis del cuerpo. Sabemos que la satisfacción de un deseo no se limita a lo puramente cognitivo, no se circunscribe a una creencia cultural, sino que también hay un importante componente genético (herencia) de por medio. Evitemos las dependencias y las adicciones de cualquier naturaleza.