El cuento “La mujer”

Por MELANIA E. RONDÓN
07 enero, 2010 7:09 pm Sé el primero en comentar
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El profesor Juan Bosch, pensador político, escritor, novelista y cuentista dominicano,  ha dejado a la posteridad un bello y extenso legado a través de aquellas áreas que cultivó a lo largo de su vida. En la cuentística de Bosch, cuyo valor reconoce la crítica dominicana e hispanoamericana, hay producciones que gozan de gran valoración debido a muchos factores, a saber: el tema, las formas de usar los recursos del lenguaje, la similitud con la realidad cultural, económica, o social, así como por las características del desenlace. Estas piezas literarias, se han convertido en lecturas obligadas,  transmitidas oralmente y contadas en base a una diversidad interpretativa. Un caso que entra en esta consideración, es el cuento La “Mujer”.

El cuento “La Mujer” se desarrolla en un ambiente rural. Sirve de escenografía un marco de aridez casi absoluta, con un sol de acero, un sol candente en una carretera gris, “muerta”. Una panorámica topográfica donde resaltan arbustos espinosos y  bohíos hechos con barro. Tal es la descripción que hace el autor. Este ambiente desolador, se presenta como preámbulo de la aridez de sentimientos que llega a su máxima expresión con una escena de violencia intrafamiliar, donde Chepe, el marido de la mujer, la golpeó hasta sangrar, luego la arrojó a la carretera solitaria, caliente, seca, muerta. El pretexto para la agresión perpetrada es haber tomado – ella – la decisión de darle la leche al niño, en lugar de haberla vendido según la orden que ya él le había dado.

El hecho violento fue lo que motivó que un señor llamado Quico, auxiliara a la mujer que sangrando yacía en la carretera  soleada, llevándola de nuevo a la casa. Ante la continuidad de la agresión de Chepe, Quico se compadece de la mujer, y enfrenta a su agresor, mas al ver la mujer que su marido casi caía vencido por la fuerza de aquel, temió su muerte, y tomando una piedra, asestó un golpe mortal a quien la había defendido. Es así el final de este cuento breve, intenso y lleno de interrogantes a la luz de cómo visualizan las personas lo que es la violencia hacia la mujer y la mediación en ella  de una tercera persona.

En el triángulo formado por: el agresor, la agredida, y un defensor de la víctima, acontece una doble situación de violencia que lleva a la gran epifanía, a lo inesperado, pues la mujer ha dado muerte a quien se había identificado con su dolor. En esta  mi  decisión interpretativa se visualiza que los dos primeros personajes actúan en apego a una cultura que usa el poder de la violencia (que en República Dominicana abraza no solo a las zonas rurales y áridas de las más remotas geografías), y el tercero que actúa en función impugnadora de la misma cultura. Esta es la gran simbología, que a nuestro entender se percibe en el desenlace de esta  producción literaria.  

El campo de la literatura es el espacio ideal para la ficción, pero sea por el propósito, la intención, o la influencia de determinadas realidades que impactan y ejercen sobre la mentalidad de quienes ejercen el arte del oficio escritural, en sus obras se advierte con frecuencia un trasunto de la realidad viviente, y lejos de substraerse de ella, la advierten en radiografía y denuncia. Seguramente por esas u otras razones, personas ha habido que, luego de leer el cuento “La Mujer”, dan por sentado que esta producción literaria es una fotografía en blanco y negro de la violencia intrafamiliar, forma de violencia que responde a una ideología que postula la subordinación y la inferioridad de la mujer por ser mujer, y que en República Dominicana, es un drama trágico, una causa importante de muertes femeninas, así como de trastornos en el orden afectivo y psicológico de quienes la padecen.

Diferente a otras narraciones donde las lectoras y lectores cuentan lo leído a través de variadas circunstancias o episodios, ocurre que en el cuento La Mujer la gente puede olvidar todo lo narrado incluyendo la golpiza hasta sangrar que Chepe dio a su mujer,  pero jamás se olvidan del momento en que esta arroja una piedra con la cual quita la vida a Quico, el cual momentos antes, le había defendido de la violencia de su marido. Es este el hecho que ha dado al cuento la mayor trascendencia que proyecta una visión acomodada, fácil, y desafortunada, pues al colocar a la mujer como culpable en lugar de víctima, se ha declarado como un axioma la más desarraigada conclusión: en pleito de marido y mujer nadie se debe meter. Esa interpretación va a tono con lo ligero y superficial, pero lo más detestable es que esta visión plantea la evasiva en lugar del compromiso para afrontar este problema social que ha comprometido la vida y la seguridad de tanto seres humanos.

En ese plano de la realidad actual, esta conclusión descarnada busca la continuidad sin mediación de la violencia contra la mujer, desdeñando el valor de la solidaridad y afiliándose por acción u omisión a esa forma de violencia, asumiendo el hecho como un asunto privado. Aunque ese modo de reflexión frente a este tipo de violencia no es exclusivo de la República Dominicana, se tiene la certeza de que el cuento de Juan Bosch  -quizás sin proponérselo-  ha sido una espada esgrimida, un pretexto que se enarbola para juzgar a una mujer que, víctima de procesos sistemáticos de violencia, tiene una psique moldeada por un patrón cultural transmitido de generación en generación y que le lleva con seguridad a defender a su agresor por encima de cualquier circunstancia aunque esté de por medio su propia seguridad.

Para comprender la esencia del fenómeno violencia intrafamiliar, ya existen varios estudios que llegan a aproximarse a la respuesta del cómo y porqué una mujer violentada física y sicológicamente por su marido, puede mantener esa situación e incluso luego de una separación, insistir en regresar con este, retirar la querella que había puesto, y poner en dificultad a quienes la defienden y apoyan. En lapágina .3 del  libro “Sobrevivencia”, una publicación del INTEC, se explica que “uno de los principales obstáculos para el desarrollo humano de las mujeres es vivir en violencia. Cuando una mujer está sumergida en una relación caracterizada por la violencia, su autoestima y su capacidad de toma de decisiones se ven minadas impidiéndole  comprender la gravedad  y el peligro de su circunstancia”. Sobre este asunto tan nodal, seguiremos próximamente.

 

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