El cuento de que Trujillo fue un buen papá

José Báez Guerrero

En los últimos tiempos puede notarse una pasmosa corriente neo-trujillista cuyos apologistas coinciden al querer presentar al dictador Trujillo como un padre amoroso y ejemplar que, pese a sus defectos como sátrapa sanguinario y ladrón, poseía al menos ese aspecto admirable en su retorcida personalidad.

Sin embargo, existe un alud de evidencias al contrario. Trujillo fue un pésimo padre, al punto que muy pocos de sus descendientes han logrado librarse de sus malas influencias y vivir dentro del marco del respeto y la decencia.

Su primera hija Flor de Oro, en una entrevista con una revista norteamericana, re-publicada en el 2010 a manera de relato auto-biográfico con notas de Bernardo Vega, confesó cuán mala y problemática fue su relación con su papá, al punto de enemistarse con él en más de una ocasión.

Varios biógrafos de Trujillo, entre ellos Mario Read Vittini y otros escritores que se han referido al dictador, como Balaguer, refieren el terrible discurso que dijo Trujillo para descalificar a su propio hijo Ramfis durante la fiesta para celebrar su decimoctavo cumpleaños. Tras escuchar a su propio padre quejarse de que él no era “el hombre que hubiera deseado” y acusarlo de incapaz, Ramfis tuvo las agallas de responderle con otro discurso en que dijo adoloridamente: “Mi padre está equivocado porque no me conoce y nunca me dio la oportunidad de tener una verdadera relación de padre a hijo”.

Hay que ver qué efecto tuvo en la formación de Ramfis verse vestido de coronel del Ejército ¡con nueve años de edad! Tras el ajusticiamiento de Trujillo su mayor obra fue torturar y asesinar a los héroes del 30 de mayo, entre ellos un propio tío.

Radhamés, a quien Trujillo premonitoriamente llamaba “Le Vagabond”, tuvo un final de mafioso de segunda, involucrado en narcotráfico con bandas colombianas en Panamá.

La propia Angelita, cuyo gusto al escoger maridos demuestra cómo se educó su criterio, reveló en una entrevista por televisión hace unos años cuánto le mortificaba la licenciosa vida de desenfreno sexual de Trujillo, quien tomó como amante al menos a una de sus mejores amigas.

Oír que los viejos trujillistas y los neo-trujillistas de hoy pretenden hacer creer que el monstruo de San Cristóbal fue un buen padre o un abuelito cariñoso debería darnos náuseas a todos. Sería catastrófico olvidar cómo Trujillo envileció al país.


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