El derecho a la comprobación

En todo sistema de pretensión democrática en la relación de gobernantes con gobernados debe respetarse el derecho a solicitar informaciones que no estén a la vista y que algunos entes aspiren a recibir de quienes ejercen el Poder aunque en la tradición presidencialista se tiende a reverenciar a dignatarios como seres de excepción, intocables, como situados por encima del bien y del mal. En la práctica, el Congreso no ejerce la función supervisora que le ordena la Constitución; y como agravante, tras la menor señal de escepticismo en labios o textos de contrapartes opositoras que legítimamente pueden solicitar revisiones de actos de Estado o del partidarismo oficialista, lo que el país escucha después son orgullosos alegatos de pureza, dándose a entender que ciertos pedidos de explicación, aun basados en dudas razonables, no merecerán atención y se les considerará ignominiosos.

No puede darse por sentado que en la Cosa Pública y sus entornos reina un orden ideal de funcionamiento de los asuntos públicos, lo que sería de fácil demostración si a eso vamos, teniendo el Poder oportunidad para salir airoso. La mera aspiración al escrutinio ofende sensibilidades como si en los hechos ya todo estuviera dicho y auscultado, lo que no es cierto. La rendición de cuentas no se cumple cabalmente desde el Estado y la falta de acceso a las principales voces del oficialismo impide contrastar con ellos temas cruciales.

Una champola que viene al caso

Al albur de lluvias, sequías y plagas, la agropecuaria puede oscilar entre escasez y sobreproducción. Ahora mismo millones de guineos criollos se perderían si no aparecen consumidores locales a falta de exportación. De ahí viene la idea de propagar un “fruit punch” bananero en el programa de alimentación escolar. El Gobierno tiene la forma de convertir los excedentes en dinero para los cultivadores y en comestible para estratos de bajos ingresos.

El consumo de productos criollos se facilita modernamente con técnicas para conservar lo perecedero. Algunos frutos transformables en harina pueden servirse después como deliciosos engrudos o mangú. El banano en sazón puede derivar en una crema para batidas a ser distribuida por cadenas de frío. Gana el bananero, gana el que la industrializa y gana el que la consume.