El desguañangue moral y social dominicano

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Los estudiosos, de la conducta social y moral de los dominicanos están vueltos locos y sin ideas, al observar el rápido deterioro de las costumbres y de la vida en comunidad que los dominicanos estamos protagonizando en los últimos años. Y más que el presidente Medina en su larga rendición de cuentas eludió el pasado martes 27 el tema de la saturación haitiana del territorio nacional.
Todo se aceleró cuando la clase política de finales del siglo pasado adoptó como premisa asaltar los recursos del Estado sin importar las consecuencias. Dejaron de lado la cordura y la honradez de administrar recursos ajenos. Desde entonces no importó la imagen y el criterio que tenían sus semejantes de esa nueva conducta de tirar por tierra lo que antes era un orgullo de ser serios.
Y el colmo de ese comportamiento es ver de cómo el Poder Ejecutivo designa a personas con expedientes judiciales que alarman a la población y confirma de cómo los políticos, en especial los del PLD, se burlan de los dominicanos. Y también abusan de su capacidad de aguante para soportar que los recursos del Estado sean malversados por unos políticos que ya no tienen careta para ocultar sus bellaquerías económicas y sus riquezas. Por más transparencia que se proclame, nunca antes la corrupción se había entronizado a tan altos niveles de la administración pública.
Por esas conductas impropias, la impunidad está entronizada en el quehacer gubernamental. No hay un lugar donde no se viva en una atmósfera dañada y contaminada por una suprema necesidad de enriquecerse y transparentar esos procederes a una sociedad que acorralada ha trastornado todos los patrones de conducta. Esto lleva a que el resto de la sociedad imite lo que ve en sus burócratas trastornando el comportamiento en todos sus aspectos y en los peores de la violencia. La delincuencia reina a todos los niveles donde el ciudadano se olvidó de los modelos hogareños de respeto a los mayores. Entonces cada quien procura satisfacer sus ambiciones en base a la agresión.
De ahí que los profesionales para el estudio de la conducta revelan sus preocupaciones en sus intervenciones públicas por ese proceder social que impacta en todos los sectores hasta los que se creían blindados para esos procederes. Lo que han transmitido los políticos del PLD desde 1996 en su ejercicio continuo del poder es que el mismo es para utilizarlo en sus propios beneficios y garantizar su permanencia. No se respeta nada y las familias se han ido desmembrando con la pérdida de la obediencia y repudiar las acciones de las buenas costumbres de otros tiempos.
Ya la sociedad política no posee las cualidades que adornaban a los hombres y mujeres dedicados a ese quehacer que todavía en el siglo XX eran admirados por sus congéneres. Ahora es un proceder social del afianzamiento económico y social. Es aparentar frente a los demás sus riquezas mal habidas. Se estimula un cambio radical en los criterios que se tenían de una conducta social conservadora y de respeto a los conciudadanos.
Por más transparencia que se proclame a final de cuentas está la trampa para enriquecer a muchos. Se les otorga patentes de honestidad a quienes violan las leyes con una conducta impropia donde la impunidad impera. Y ahora se alega ignorancia de algunos recientes nombramientos que escandalizaron al país por los efectos en la credibilidad, cuando alegan que no lo sabían al nombrar a personajes con una sentencia en contra. Se supone que el presidente de la República en la persona mejor informada del país.
Los estrategas políticos del PLD han considerado siempre a los dominicanos muy ingenuos e incapaces de rebelarse, como ya lo habían hecho en el pasado en contra de las calamidades que los políticos esparcen sobre el país. Es creerse que pueden hacer y deshacer. Es que han sido amansados en base a miles de nombramientos de botellas que medran al amparo del Estado. Tal estrategia de aquietamiento colectivo es que pretenden considerarnos incapaces de pensar y por tanto se puede jugar con la paciencia, la ingenuidad y respeto de la ciudadanía sumisa frente a un poder que quiere ser avasallador.
Sin embargo, frente a los vecinos occidentales los procederes de los peledeístas es de paño y manteles, y más ahora con la invasión pacífica desde el occidente de la isla que se ha tornado indetenible. Cada vez hay más occidentales radicados libremente en el oriente de la isla. Aquí ellos no temen a ser retornados al territorio de origen por ser una tarea inconmensurable y de imposible realización. En menos de 48 horas, después que se han entregado a las autoridades de inmigración haitianas, si es que existen, retornan como Pedro por su casa, apoyados por sectores locales que en la frontera han vivido de la calamidad haitiana empujada por lo único que saben hacer de arrasar con la tierra y volverla yerma.


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