El desprecio burocrático a las construcciones añejas

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Desde 1961 ha sido una constante en los políticos que nos han gobernado, dejar abandonadas hasta su destrucción las obras y edificaciones que encontraron para reemplazarlas por las que inmortalicen sus nombres.

Se trata de un desprecio visceral a devolverle a las obras su utilidad para la cual fueron construidas y colocadas al servicio a la ciudadanía. Sin embargo, los burócratas responsables prefieren no ver su deterioro, con sanitarios malolientes y las edificaciones con techos que filtran, instalaciones eléctricas abandonadas, paredes agrietadas y pisos rotos. Tan solo los despachos de los ministros se mantienen bien arreglados, limpios y decorados al último grito del ingenio de los decoradores que se esmeran en complacer a los que llegan a disfrutar de las mieles del poder.

Desde el 2004 han surgido hermosas carreteras panorámicas, avenidas, parques naturales, urbanizaciones, teleféricos, metros, edificaciones de la más diversa naturaleza para albergar escuelas, hospitales, granjas infantiles y otras. Son como la verdolaga que brotan del presupuesto nacional para satisfacción del ego de quien gobierna en un descuido irresponsable de lo que existe. Debieron procurar darle unmantenimiento preventivo que asegurara el servicio de la obra para los usuarios. El caso de los hospitales es el ejemplo dramático del descuido oficial.

Ningún Gobierno electo desde 1966 se escapa de la irresponsabilidad de abandonar las obras existentes. Con tal que las nuevas edificaciones aseguren que se labra un nombre para la posteridad como hacedor de grandes obras. Pero olvidan las que heredaron para preservarlas. Incluso algunas de las que ejecutaron al principio de sus administraciones, y si duran más de cuatro años en el poder, caen en el deterioro por la falta de mantenimiento y el uso irresponsable de la ciudadanía. Tal es el caso del Faro a Colón y hasta del Metro en que sus escaleras y ascensores dejan de funcionar por uso agresivo de los mismos y no hay recursos para una rápida reparación o reemplazo. El Faro a Colón da vergüenza. Durante la dinastía dupla del PLD no se han ocupado de darle mantenimiento. Y las luces de la hermosa cruz que iluminaba el cielo se apagaron desde el 2005. Por falta de mantenimiento y por ser una obra del doctor Balaguer, los peledeístas prefirieron ignorarla con una costosa iluminación y un descuido total a todo su entorno dejando languidecer sin mantenimiento y mucho menos limpieza de la zona con todo lleno de malezas y alimañas. Ni siquiera se fumiga el edificio, que por su diseño, reclama un cuidado muy especial.

Y es que el cuido y mantenimiento de las obras existentes no proporciona las satisfacciones económicas en abundancia como si se tratara de las nuevas. Ahora, tan solo la sobrevaluación de la época y asumida como normal, eleva el costo final a cientos de millones de pesos por mas del 40% del valor original de la obra. Nunca se ve a los potenciales contratistas, que buscan el favor presidencial para construir una determinada obra llevándoles un proyecto de mantenimiento de obras. Siempre son nuevas obras de precios abultados y tentadoras comisiones para una distribución generosa entre los facilitadores del proyecto. Por lo general es un valor muy generoso para el contratista que a veces por más tiempo que se dilaten en pagarle las cubicaciones pueden resistir. Sin embargo, al poco tiempo de la tardanza en los pagos de las cubicaciones, paralizan los trabajos. Aquí se le agrega la habilidad de los funcionarios que esperan su recompensa en ese boroneo burocrático para el trámite de los pagos.
Y ese peaje es normal para los centenares de ingenieros y arquitectos que son y han sido contratistas de obras del Estado. Ellos esperan aportar el peaje a funcionarios de baja categoría para de esa manera tenerlos a su favor a la hora del trámite del pago de las cubicaciones de las obras en ejecución. Siempre como tradición establecida desde los tiempos de la dictadura hay un boroneo que dependiendo del monto del pago resulta generoso para el funcionario o el empleado que ahora maneja la computadora y se ocupa de esos menesteres en los distintos ministerios del Estado y responsables de la ejecución de las obras públicas.

Y eso que con la ley que regula la ejecución de las obras públicas hay numerosos controles para cedacear los pagos. Ahora resulta un severo inconveniente que afecta al Gobierno por la tardanza con que se construyen las obras. La evacuación de los pagos de las cubicaciones está perturbada por los numerosos filtros establecidos para el adecentamiento de la conducta oficial que siempre ha dejado mucho que desear por la corrupción imperante cuando se trata del pago de servicios correspondientes a obras construidas para el Estado.