El desprendimiento es ganancia

Karina Pereyra.

“Si no aprendemos a soltar, si no dejamos ir, si el apego puede más que nosotros
y nos quedamos ahí atados, pegados a esos sueños, fantasías e ilusiones,
el dolor crecerá sin parar y nuestra tristeza será la compañera de ruta”.

Jorge Bucay

Soy hija única. En la vida familiar todo era mío. Siempre he tenido mucho de lo que me gusta. Durante mucho tiempo de mi vida estuve muy apegada a “mis cosas”. Cuando empecé el camino en el espíritu, empecé a practicar el desprendimiento. Llegó un tiempo en que el único apego importante era a mis libros.

El valor del desprendimiento reside en saber utilizar sabiamente los recursos, reconociendo que la verdadera utilidad que tienen es ponerlos al servicio de los demás. Soltar mi apego a las cosas me ha apoyado a superar el egoísmo que caracterizó mi desarrollo.

El periodista, escritor y psicólogo argentino Sergio Sinay dijo: “Cuando el apego no tiene más razón que el hábito y no aparecen propósitos que den sentido y trascendencia, es el momento de soltar”. La verdad es que la generosidad de la vida siempre se expresa. Constantemente, nos ofrece maravillosas lecciones que nos ofrecen la oportunidad de superar las limitaciones autoimpuestas.

El viernes pasado, iniciaba un retiro de sabidurías ancestrales que organicé en un lugar encantador en Barahona. Por primera vez, utilizamos un transporte colectivo para llegar al lugar. Empecé el taller inmediatamente y en la emoción de lo que ofrecía, seguí trabajando sin instalarme. Al final de la noche, me dí cuenta que mi maleta nunca subió al autobus.

Afortunadamente, me tomó treinta segundos tomar la decisión de estar bien aunque no tuviera equipaje. Además de lo que tenía puesto, sólo tenía la mochila en la que llevaba mi computadora personal, una libreta de notas y un libro de consulta. ¡Nada más! Dentro del grupo de participantes acopiaron ropa, zapatos, maquillaje y artículos de uso personal para mí. ¡No me hizo falta nada!

Una experiencia que pudo sabotear la estancia en ese lugar, se tradujo en una magnífica lección que me brindó mucha paz: cuando el propósito está alineado con los deseos del alma, todo lo que necesitamos para que se cumpla aparecerá sin esfuerzo.

En el libro “Una nueva tierra”, Eckhart Tolle dice: “No resistirnos, no juzgar y no apegarnos son los tres secretos de la verdadera libertad y de una vida iluminada”. Pasé tres días en un estado apacible, sin ocuparme de nada más que agradecer el privilegio de compartir la enseñanza.

Cuando transformamos el desprendimiento en un aliado, éste se convierte en un amable maestro que nos guía a poner el corazón en las personas, en vez de hacerlo en las cosas.

El monje budista Matthieu Ricard, quien inspiró la película “Happy”, dice que si miramos el objeto de nuestro apego con una simplicidad nueva, comprenderemos que no es ese objeto lo que nos hace sufrir, sino el modo en que nos aferramos a él.

A veces creemos que el apego es sólo a personas y cosas, pero en realidad también podemos aferrarnos a recursos intangibles, como conocimientos, cualidades y habilidades que rehusamos poner a disposición de otros, porque toca nuestro descanso, gustos, preferencias y comodidades.

Lo cierto es que para vivir se necesita muy poco, aunque nos hemos creído que necesitamos infinidad de cosas, con las que hemos creado molestas dependencias. No se trata de despreciar las bondades de las cosas que tenemos, pero si de ubicarlas en su justo lugar. Juvenal, el poeta romano de finales del siglo I, decía: “Si no cortas tus ataduras durante la vida, ¿qué esperanza de liberación tendrás durante la muerte?”.

Las cosas materiales de que disponemos son vías para cumplir nuestra misión. En el momento en que le damos el poder de afectar nuestro ánimo, dejan de ser instrumentos para servir a la vida y se convierten en obstáculos. Este fin de semana ha sido para mí un regalo: llegué sin nada y tuve todo. Y me pregunto: ¿No es así siempre?

Hace un tiempo, el primer varón en convertirse al islam Ali ibn Abi Talib, primo y yerno de Mahoma, dijo hermosamente lo que experimenté en este fin de semana: “El desapego no es que tú no debas poseer nada, en cambio, se trata de que nada te posea a ti”.

Aprendí que el desprendimiento es soltar, entregar, fluir, vivir el viaje sabiendo que lo importante es la experiencia y no el equipaje. Es disfrutar la incertidumbre y confiar en la vida.