EL DRAMA “ESPECTROS” PRESENTA A IBSEN, AYER Y HOY

03_08_2018 HOY_VIERNES_030818_ ¡Alegría!4 C

La obra teatral “Espectros”, del dramaturgo noruego Henrik Ibsen, fue presentada en la sala Ravelo el pasado fin de semana, bajo la dirección de Manuel Chapuseaux.

Considerado padre del drama realista moderno y del llamado “teatro de ideas”, Ibsen cuestiona en sus obras la doble moral, los conflictos éticos de la sociedad burguesa de su tiempo, el sometimiento de la mujer, temas abordados desde una perspectiva crítica que tienen vigencia aun hoy, más de un siglo después.

Los personajes de Ibsen, especialmente los femeninos, son descritos desde el punto de vista psicológico; la mujer es el centro, es Nora, Hedda Gabler, Helena, protagonistas de sus obras más emblemáticas.

Cuando Nora, en “Casa de muñecas”, estrenada en 1879, obra cumbre de Henrik Ibsen, da un portazo y abandona el hogar, escandalizando al público y a la crítica de la época, marca un nuevo derrotero al drama teatral, abriendo las puertas a la modernidad. Nora se convierte en paradigma de liberación de la mujer, se reconoce como ente individual.
Esa puerta cerrada por Nora dejaba atrás un mundo, iniciaba otro, el mundo de Helena, la protagonista de “Espectros” -1881- pero paradójicamente Helena -mujer instruida, amante de la lectura- no abandona el hogar y regresa junto al marido que no amaba, convencida por el pastor Manders -a quien amaba-, de que no “olvide sus deberes de esposa”, la hipocresía y la apariencia se imponen, pero Helena librará su propia batalla cuando decide apartar a su hijo de la influencia del padre y, librepensadora, se opone a la idea del culto luterano de entonces, “vivir para sufrir”.
“Espectros” es una obra compleja. No hay intriga, y en el decurso se van desvelando los secretos de la familia Alving. El tema es el pasado, el pasado son los fantasmas que habitan en cada personaje; el señor Alving, omnipresente, es un espectro letal que gravita sobre la familia y sobre el simulador Pastor.
La obra inicia con un diálogo entre Regina, la sirvienta de la casa y su supuesto padre, el carpintero Engstrand; luego la señora Helena Alving recibe al pastor Manders, a quien ha llamado con la excusa de hablar de la inauguración de un orfanato que ha construido en memoria de su difunto esposo, pretende desprendiéndose del dinero heredado, deshacerse del pasado.

A partir de este momento la obra cobra un ritmo “in crescendo” y vamos conociendo el verdadero hombre licencioso que fuera su marido, pero aun desvelado el secreto, el Pastor pretende justificar su vida libertina –el machismo, ayer como hoy–. Con la llegada de Osvaldo, el hijo, quien fuera enviado por su madre al extranjero para apartarlo de la influencia del padre, el drama da un giro inesperado.
El texto intenso de “Espectros”, obra en tres actos, es reducido, condensado podríamos decir, en uno solo, para hacerlo más accesible al público de hoy, aunque esto implique que algunas situaciones no sean lo suficientemente explícitas, pero en definitiva, la “actualización” no altera la esencia de la fábula, y Manuel Chapuseaux asume el reto, valora cada signo, y elabora una teatralidad atrayente, cónsona a la esencia del texto, dentro del esquema de una obra de época.
Pero nada tendría sentido, por extraordinario que sea un texto teatral o lo ingeniosa de una puesta en escena, sin la presencia del actor, y aquí radica el mayor logro de esta representación, pues como decía Grotowsky “El teatro es un acto acabado aquí y ahora, en los organismos de los actores y ante otros hombres”.
El elenco escogido para esta obra ha superado toda expectativa, Karina Noble, con nobleza estética, es la viva estampa de la mujer decimonónica, es la Helena Alving de Ibsen, perenne en el tiempo. Su magistral interpretación asume el contradictorio personaje con pasión y entrega.
El pastor Manders, austero, parsimonioso, es encarnado por Mario Lebrón, en una caracterización formidable, proyectando la fiel imagen de un pastor luterano de la época.

Los momentos de cierta relajación son producidos por Omar Ramírez. Su interpretación de Engstrand, especie de pícaro, que por dinero ha consentido ser el padre de Regina, es realmente buena. El personaje de Regina, -la criada- al parecer ingenuo, encierra resentimiento, exacerbado al conocer su condición de ilegítima, -hija del señor Alving-. Cindy Galán asume el rol con aire un tanto disoluto, sin duda es una joven actriz talentosa.
La víctima mayor es Osvaldo, regresa al hogar que le es ajeno y sus espectros heredados lo llevan hacia Regina, el pasado se hace presente. José Roberto Díaz en una actuación orgánica casi mimética, trasciende, y al sentirse culpable por la enfermedad que padece, -sífilis- logra un momento sobrecogedor. Su madre le descubre la verdad, la enfermedad es una herencia biológica, un espectro más, y Osvaldo enloquece.

En el desesperado monólogo final de Helena Alving, cargado de dramatismo, Karina Noble alcanza un momento estelar. Todo concluye revestido de ambigüedad…

“Espectros” es una obra atemporal para los amantes del buen teatro. No se la pierda, continúa hasta el 12 de agosto.