El emprendimiento que apostó a los aceites artesanales

Yndira Concepción distribuye sus productos en el mercadito sabatino de Agora Mall y en @morisdominicana Facebook e Instagram.

Yndira es una joven mujer emprendedora y polifacética que si no la conoces, nunca dirías hace tantas cosas al mismo tiempo.
Te la puedes encontrar como periodista, como apicultora (criadora de abejas), liderando la reivindicación del pelo afro, llevando su hijo al colegio o regresando cada fin de semana a su lugar de origen, Las Garitas, Samaná.
Quizás a pocos se les ocurriría pensar que esta joven es una pequeña empresaria en el sector de productos orgánicos, que ahora está muy de moda pero que, cuando empezó, seguro que muchos la tacharon de “hippie”, idealista, y otros adjetivos.
Dos años y medio después, queda claro que su proyecto no era una utopía y que, poniendo en práctica lo que sabe y aprovechando las oportunidades, una mujer puede trillar camino en el mundo de los negocios, un universo dominado por hombres.
Como todos los emprendedores que buscan su independencia económica, Yndira empezó con un primer producto: la miel, luego probó con el aceite de coco y al ver la aceptación de esa mercancía, creó su pequeña empresa “Moris Dominicana”. Una iniciativa, que además brinda la oportunidad a madres solteras y amas de casas de la zona, de trabajar.
Hoy día su catálogo de productos incluye: miel cruda 100% pura, tintura de propóleos, polen (por temporadas), aceites esenciales, como aceite de coco prensado en frío; manteca de cacao pura, aceite de ricino o higuereta, aceite de zapote prensado en frío y aceite de coco y romero. “Estamos trabajando para este año agregar nuevos productos”, adelanta Concepción.
Esta es la historia de un proyecto que huele a coco y sabe a miel, impulsado por una samanense que apuesta a lo artesanal y cree en su comunidad.
¿Cómo nació “Moris Dominicana”?; cuéntame lo que te motivó a crear este negocio. Todo surgió de manera circunstancial. En mi antiguo trabajo sabían que soy de Samaná y que allá casi todo se cocina con aceite de coco; como iba con frecuencia, me pedían que les trajera del aceite. Compraba botellas nuevas y se los entregaba bien presentado; a la gente le gustó muchísimo y se regó la voz.
Un aporte importante en el crecimiento de Moris Dominicana ha sido el apoyo de la plaza comercial Agora Mall, a través de su Mercadito de los sábados; este fue un gran impulso porque tuvimos acceso a un gran público y los clientes.
¿Cuál crees es tu habilidad que más ha contribuido al desarrollo de tu negocio? Le debo mucho a mi carrera de comunicadora social, me permite tener empatía y simpatía con las personas. Definitivamente, ese renglón ha sido vital para impulsar mi negocio. Además, soy muy perseverante, responsable y disciplinada.
Hay momentos en que, como emprendedora y dueña, tienes que tomar decisiones difíciles. ¿Recuerdas alguna? ¡Siempre! Risas… Las actividades del negocio son muy demandantes, y los compromisos y responsabilidades de tener una familia ponen a prueba mi capacidad de gestión del tiempo, diariamente. Tengo la suerte de contar con el apoyo de toda la familia y eso me facilita mucho el trabajo.
¿Qué beneficios personales tiene para ti este proyecto? Me he acercado más a Dios, siempre le pido que nunca permita que el logro de mis metas me aleje de El, porque el ego mal administrado es una espada que apunta a tu corazón y solo necesitas un empujón para morir de éxito y vanidad. También me mantiene motivada en cultivar el conocimiento, crecimiento espiritual y la paciencia; soy un poco impaciente.
¿Es difícil emprender un negocio propio en RD? Sí, es muy difícil. Deberían de existir las escuelas de negocios con la misma accesibilidad que una universidad. Desde el Estado no se fomenta el empredurismo desde edades tempranas; en otros países existen iniciativas desde que los niños están en educación básica; por esto hay empresarios tan jóvenes y preparados en otras latitudes.
¿Cuál fue el capital con el que comenzó este proyecto? Realmente comencé el negocio con las abejas. Mis primeras 10 colmenas las compré vendiendo productos por catálogo, porque mi salario no me permitía hacer las dos cosas. Luego fui sumando y aportando de mi salario, de a poco, sin sacar las ganancias y esto me ayudó a capitalizar el negocio.
¿Cómo ayudas tu comunidad? Aporto desde mi trabajo. En mi comunidad se consumían sustitutos de miel; hoy la gente de Las Garitas tiene acceso a una verdadera miel. En término medioambiental, se siente la diferencia en la producción de frutales.
Antes, los árboles daban frutos pequeños y de mal sabor; desde que instalé mi apiario la producción ha ido en aumento, a tal punto, que la gente no alcanza a disfrutarlos todos. También genero empleos.
¿Ser mujer te ha limitado en esta etapa de tu vida? No diría ser mujer, sino más bien, madre. Porque los tiempos y las prioridades son diferentes. Puedes ser mujer e igual llevar un negocio al máximo. Pero cuando eres madre, dispones de menos tiempo y más responsabilidades que te limitan un poco desarrollar los proyectos.

¿De dónde viene el nombre? Moris es mi apellido materno; viene de Morris, por los negros libertos que llegaron a Samaná desde Philadelphia, Estados Unidos, de los cuales somos descendientes, pero debido a un error en el Registro Civil de aquella época hoy firmamos Moris.