El estímulo para el auge de la delincuencia

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Preocupados estamos todos por el auge de la delincuencia. Es una escalada ascendente pese a la operación Centella para la búsqueda de un freno a tan incontrolable fenómeno económico, social y familiar. El grueso de los antisociales provienen de hogares que nunca tuvieron la más mínima integración en el reino de la pobreza.
Indudablemente en el país se ha generado un estímulo que ha fomentado el crecimiento de la delincuencia. Todo por el progresivo aumento de los jóvenes que se incorporan a un mundo del delito donde encuentran una razón para desahogar sus frustraciones. También la rabia y sus enconos en contra del sector de la sociedad con más recursos. Además de cómo la corrupción de los políticos que exhiben sus bienestares frente a la pobreza de los demás, incita y excita a los jóvenes a delinquir.
El crecimiento del país en los últimos años, que lo mantiene liderando las estadísticas en el continente, ha estimulado el surgimiento de un sector robusto de los burócratas, de los empresarios, de los comerciantes, de los artistas y los deportistas. Los dos últimos imponen su modelo del gasto conspicuo y los burócratas con un agresivo acaparamiento ilegal de los recursos oficiales con una corrupción rampante que provoca estímulos de imitación en el sector de la población que bien quisiera sacudirse de sus miserias.
Y existe un común denominador en una buena parte de quienes logran forjar fortunas por sus capacidades o por sus habilidades para lo mal hecho. Una buena parte de ellos provienen de sectores marginados de los núcleos familiares luchando para no verse devorados por las frustraciones. Y en esa lucha para sobrevivir con sus hijos muchos logran guiarlos y apoyarlos en sus metas. De ahí surgen los profesionales, sacerdotes, deportistas, religiosos y artistas que engrandecen la gloria nacional con sus aportes. Tan solo los peloteros han aportado a sus fortunas personales más de cinco mil millones de dólares en que una buena parte lo han sabido invertir y otros lo han malgastado en el país o en el exterior.
Pero otra parte de esos compañeros de juego en los barrios marginados, algunos se convierten en activistas políticos y si triunfa el candidato de sus simpatías y es enrolado en un cargo público, en poco tiempo se le ve haciendo ostentaciones de su nuevo estatus. Visita su antiguo barrio y sus amigos dejados atrás observan esa prosperidad que los empujan a buscar los medios para equipararse a quien tuvo la suerte de ser más osado en sus aspiraciones políticas. Para los que se quedan rezagados, sumidos en su pesimismo, solo tienen el camino del delito. Y como cada día son más se sumergen en una rabia que los empuja rápidamente hacia el delito. Así se aumenta el número de antisociales que tienen en zozobra a la población.
La estrategia peledeísta ha sido procurarse una clase bien preparada para desempeñar los cargos técnicos y políticos en la empleomanía estatal. Todos atraídos con ingresos muy por encima de los sectores privados mejor pagados. Las administraciones del PLD de los pasados doce años han ido aumentando los sueldos y el número de empleados. A su vez ha estimulado de mala manera la corrupción con un sector burocrático lleno de botellas y de nuevos ricos que exhiben su nuevo bienestar sin tapujos. Esto ha impactado en las clases de abajo donde ya no existe la familia y como parte del sector “ni-ni” (ni trabajan-ni estudian) empujan el aumento de la delincuencia.
No hay dudas. Hay una fuerte correlación entre el aumento despiadado de la delincuencia y la impunidad indomable que permite un enriquecimiento ilícito sin consecuencias para los protagonistas beneficiados. Estos viven con el desparpajo criollo de la costumbre de siglos que la sociedad celebra quienes se enriquecen con la malversación del dinero del Estado. Y como la corrupción ha aumentado a nivel estatal se ha estimulado a que las generaciones de jóvenes se sientan más atraídos hacia el delito. Ellos saben que es la única manera de tener dinero que le permita hasta ayudar a sus familias.
Y de seguro se ha acelerado el incremento de la delincuencia, que no ha podido ser detenida por la Operación Centella, por los sonados casos de la corrupción develada cometida en contubernio con la Odebrecht y funcionarios de casi todos los países de América. Esos sonados casos de corrupción comprobada por las sobrevaloraciones de las obras y servicios de las coimas pagadas para obtener los contratos ya define un nuevo sendero para los políticos. Estos a través de los años no escarmientan, pero ahora existe la esperanza que por un tiempo serán más precavidos a la hora de arriesgarse a cometer sus desfalcos con el dinero del Estado.


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