El humor de ayer

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Cuando éramos niños la palabra humor no era parte de nuestro léxico, sólo se empleaba para señalar cuando alguna maestra o compañero estaba incómodo, enfadado, entonces solíamos decir “está de mal humor”, pero cuando algún compañerito nos hacía reir, decíamos “que relajao es fulano, o que chistoso”.

Creo que la palabra humor en su verdadera acepción “facultad de descubrir y manifestar lo cómico”, la oímos por primera vez en la radio, cuando se anunciaba el programa del  “Gran humorista don Paco Escribano, el rey del disparate”, pero realmente nunca escuché dicho programa, además de ser  para un público adulto, esa hora de la siesta en mi casa, era una cita obligada con los clásicos, en el programa inolvidable “La hora mística”.

Pero Paco Escribano un verdadero talento del humor y su programa, eran un referente obligado en nuestra ciudad aldeana de entonces, pues había la pizca social, algún chisme o denuncia intrascendente, que todos querían conocer, porque la crítica como tal aunque matizada de humor era inimaginable, en aquella época de dictadura de Trujillista en que vivíamos.

Recuerdo vagamente oír a mi padre comentar un día: “Van a quitar a fulano de la lechería, porque “Paquita” dijo que le estaban echando agua a la leche”. No se si sucedió o no, pero lo cierto es que como chiste o chisme,  la gente entendía el meta mensaje.

Pero no cabe duda de que el talento de Paco Escribano para el humor, esta fuera de toda discusión. Otra vertiente del humorista era el de libretista y sus obras actuadas por él casi siempre en su condición de travesti, eran presentadas  y apoyadas por un gran público.

Ya siendo una adolescente fui a ver  una de sus obras, para mala suerte mía y producto de mi inocencia, la obra en cuestión se llamaba “Cero Invasión”, una  burla a la recién expedición de los héroes del 14 de junio. La reprimenda de mi padre no se hizo esperar, hasta ahí llegó mi poco  conocimiento del gran humorista.

 Atracciones.  Aun no sabía leer y envidiaba a mi hermano que desde que se levantaba buscaba los “muñequitos de El Caribe”, luego ya alfabetizada  me hice adicta a esas tiras cómicas, y a los “paquitos” que comprábamos en la Librería Amengual.  Mis paquitos favorito eran “La Pequeña Lulu”,  El Pato Donald, y me fascinaba el personaje de “Elmer el Gruñón”, persecutor implacable de  Bugs Bunny “El conejo de la suerte”.

Pero por supuesto la gran atracción de la época, y el gran humor venía del cine. “Los tres chiflados”, “Abbot y Costello”, “El flaco y el gordo”, y por supuesto Charles Chaplin, eran la gran atracción, cada uno dentro de su estilo desarrollaban un humor ingenioso, e ingenuo, lleno de gracia. Dentro del cine mexicano, el ídolo era Mario Moreno “Cantinflas” y el dueto de Tin Tan y Marcelo, que hacían las delicias del público que iba al cine con la finalidad de reírse. La figura cómica por excelencia del cine argentino lo era, Luis Sandrini y los personajes del cine cubano Pototo y Filomeno, que con el tiempo se convertirían en “Tres Patines y la Tremenda Corte”, gozaban de gran simpatía.  

Otra atracción del cine de la época, eran las series de los domingos, las que no nos podíamos perder ningún capítulo,  entre esas series recuerdo la de “Flash Gordon”, pero había además otro  atractivo en el cine de los domingos,  pues antes del capítulo serial se presentaban las caricaturas o dibujos animados. Aquello era maravilloso ver como tomaban vida nuestros personajes infantiles.

Circo.  No recuerdo el año exacto, pero tendríamos unos seis o siete años, cuando vino al país “El Gran Circo Americano”, que fue instalado frente al Parque Independencia, donde estaba luego la Ferretería Reid.  Esto fue todo un acontecimiento, y para nosotros constituyó el primer gran encuentro con los “clown”, -los payasos- y los trapecistas, no creo haberme divertido y emocionado tanto como esa tarde especial.

El teatro.  Comenzaba a llamar la atención, y mi padre nos levaba a ver las comedias que se representaban en algún cine o en el auditorio del Instituto de Señoritas Salomé Ureña, eran comedias estupendas, que dieron oportunidad al desarrollo de nuestros principales actores cómicos. 

La radio.  Era el medio de comunicación dominante, más que nada por las novelas que se transmitían, seguidas de un enorme auditorio de oyentes. La mayoría de estos melodramas radiados eran retransmisiones de otros países. 

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Paco Escribano

Origen

Rafael Tavárez Labrador nació en Santiago el 18 de julio de 1917. Paco Escribano, como se le conoció, dio sus primeros pasos a los 12 años en 1929 en la estación  H.I.1.A.  Antes de ser Paco, el país le conoció como Paquita Escribano, personaje del canto femenino al que comenzó imitando en diversos escenarios. Su programa llegó a ser muy  popular, pues como dice Marcio Veloz Maggiolo en un trabajo publicado en la revista Ahora en febrero de 2002 “animaba las contradicciones familiares, denunciaba situaciones urbanas y chismes de barrio y más de un cuerno terminó en tragedia”.  El programa no  estaba exento de puyas políticas que generaban situaciones.

Obras

Entre sus comedias más populares se citan “Pin-pan”, fuego”, “Una viuda sin sostén”,  “El mechón de Tongolele”, “Yo soy Filomeno”, “Para darle gusto al pico” y “Aquí está Migdalia”. También escenificó “Cero invasión”.