El largo calvario del PRD

Dentro de poco, por razones básicamente económicas el grupo minoritario del PRD producirá la anunciada división formal de ese partido. De esa manera esa colectividad iniciará otra senda de un calvario que viene de lejos. Desde siempre, los sectores económicos, sociales, políticos y eclesiales más conservadores del país han visto al PRD como un enemigo al cual hay que destruir, no como un adversario político.

Con esa posición coincidió Juan Bosch en el proceso de construcción del PLD, luego de fracasar en su lucha contra la táctica y estrategia de Peña Gómez durante los primeros gobiernos de Balaguer. Los discípulos de Bosch han sido consecuentes con esa posición, impulsándola en un contexto de corrupción política y de orgía de poder difícilmente imaginado por su profesor.

Pero, lo penoso es que el sector mayoritario del PRD no advirtió desde su inicio que con Miguel Vargas y su grupo nada había que discutir porque éste, por razones esencialmente económicas, se prestaba a la apuesta de destruir esa colectividad, debido a viejos prejuicios políticos e ideológicos de los sectores más conservadores del país, hoy amalgamados en el nuevo bloque de dominación que capitanea el PLD.

Todos se mantuvieron, y algunos aún se mantienen, discutiendo un imposible entendimiento con el sector minoritario. Unidos formalmente enfrentaron la crisis, pero manteniéndose esencialmente divididos. Cada cual hacía énfasis en sus particulares cálculos grupales y personales. Se negociaban fórmulas de entendimiento no pactadas con Vargas y en eso se gastaron esfuerzos y tiempo precisos.

El grupo mayoritario, viendo la imposibilidad de superar la crisis de institucionalidad partidaria sostenida e insuflada por toda la dirección peledeísta y sectores de la caverna política dominicana, se apresta a seguir la batalla política desde otra perspectiva y con otros aliados políticos, algo política y moralmente válido, pero construida hasta ahora sobre bases muy poco amplias. Con argumentos y razones todavía no totalmente interiorizadas por la militancia y aún con preocupantes incertidumbres sobre cómo avanzar en ese nuevo escenario.

El sector mayoritario del PRD no ha podido ganarse e involucrar en su lucha a sectores importantes de la sociedad civil, no han podido recopilar las evidencias y documentos suficientes que demuestren la conjura contra ese partido y contra la democracia. Es innegable el control que sobre los medios escritos y radiales tiene este Gobierno, que difícilmente estos publiquen o destaquen por su importancia, las pruebas documentales sobre la traición del grupo minoritario, pero la verdad es que existen otros medios y allí, si los tuviesen, no los han llevado.

Esa mayoría, además, tiene que mandar claros mensajes que indiquen el liderazgo o líder que encabezará el nuevo proceso, una voluntad de no repetir candidaturas a puestos congresuales y municipales ya desfasados, su no intención de instrumentalizar y/o controlar el abanico de fuerzas alrededor de la cual quiere seguir su lucha. Porque si bien es cierto que para sacar del poder al actual bloque dominante se requiere una nueva mayoría y que la misma no es posible sin esa mayoría de perredeístas, también lo es que esa nueva mayoría debe constituirse con sectores económicos, políticos y sociales que son determinantes, con transparencia y sin hegemonismo perredeísta.