El legado de María Montez

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La más trascendental herencia que dejó María Montez a su muerte fue la gran hazaña de haber conquistado el estrellato en Hollywood a la edad de veintiocho años, pese a que –como dijo el fallecido crítico de cine Arturo Rodríguez– “no venía de un pequeño pueblo norteamericano como Ava (Gardner), ni tenía la experiencia previa del Music Hall o de Broadway”. Simplemente venía de una provincia de la República Dominicana, donde pasó los primeros veinte años de su vida.

Ocho años después, llegó a Hollywood, donde compitió hábilmente por el estrellato y lo consiguió, a pesar de la magnitud de los obstáculos que la separaban de su triunfo.
Su filmografía consta de veintiún filmes estadounidenses, dos franceses y tres italianos, que componen el significativo número de veintiséis películas, gracias a las cuales el nombre de nuestro país figura en casi todas las enciclopedias e historias sobre el séptimo arte que existen en la actualidad.
La diva nacional (María Montez) era poseedora de una belleza sin par, entre cuyos atributos se destacaba una tonalidad de piel “ligeramente dorada”, que armonizaba muy bien con el tecnicolor, razón por la cual se le otorgó el título de “Reina del Tecnicolor”.
En 1944, consolidada en los estudios de la Universal, gozaba del privilegio de ser considerada “la figura hispana más destacada del Hollywood” de esa época (según George Hadley García).
A esta brillante etapa de su carrera corresponden las películas “Ali Baba and the Forty Thieves” (Alí Babá y los cuarenta ladrones), cuyo director fue Arthur Lubin, y “Cobra Woman” (La Reina de Cobra), dirigida por John Rawlings.
Hoy en día, esas dos películas, así como “Arabian Nights” (Las mil y una noches), de 1942, dirigida por John Rawlings, todas de la Universal Pictures, son calificadas como “clásicos en su género” y exhibidas en salas de arte y universidades en los Estados Unidos.
En aquella etapa de su carrera cinematográfica su coestrella fue Jon Hall, a quien por ese mérito le fue otorgada una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, mientras que María Montez aún no la tiene.
Los clubes de fanáticos de la “Reina del Tecnicolor” que han asumido la gestión, consideran imprescindible el respaldo oficial para lograr ese objetivo.
Max Ophüls fue el más distinguido de todos los directores para los que actuó durante su carrera. Su película “The Exile” (‘El desterrado’ o ‘Caída de un reino’) filmada en Hollywood en 1946, fue dirigida por esa personalidad de la cinematografía mundial. La película, “Il Ladro di Venezia” (El ladrón de Venecia), dirigida por John Brahm y filmada en Italia en 1950, y el filme francés “Portrait d’un assassin” (Pasión prohibida) de 1949, dirigida por Bernard Roland, resumen las mejores actuaciones de su vida artística.
La Montez incursionó en teatro con la obra “L’Ile Heureuse” (La isla feliz), que fue estrenada en París en enero de 1951 y presentada en las principales capitales europeas.
Desde los albores de su juventud, en María se conjugaron en forma excepcional dos grandes vocaciones: su afición por la lectura y por el arte de escribir, y su gran deseo de llegar a ser actriz de cine.
Inicialmente, sus inquietudes literarias quedaron plasmadas en la revista dominicana “Páginas Banilejas”, en la cual fueron publicadas varias poesías de su autoría. Mientras triunfaba en el cine, María escribió tres libros y numerosas poesías, entre ellas “Crepúsculo”, la cual ganó el premio otorgado por la Asociación The Manuscripters, así como un sinnúmero de artículos periodísticos escritos en cuatro idiomas. También escribió las canciones “Doliente” y “Midnight Memories”.
“Forever is a Long Time”, “Hollywood Wolves I Have Tamed” y “Reunion in Lillith”, son los títulos de los libros escritos por la actriz. A diferencia de los dos primeros, el último de estos libros no llegó a ser publicado.
Recuerdo de su legendaria belleza son las pinturas al óleo de tres famosos artistas de la época: McClelland Barclay, Erust Van Leyden –cuyo dominio del arte de la pintura era genial–, y Frederick Sprague.
Un museo para María Montez. El más significativo de los homenajes que puedan rendirse a la “Reina del Tecnicolor” del Hollywood de los años cuarenta es la creación de un museo en su honor en su país de origen, tal como lo tiene María Félix en México y Carmen Miranda en Brasil, entre otras luminarias de ese nivel.
Una obra como esta permitiría la conservación de su importante legado, el cual está constituido en primer lugar por las veintiséis películas y los tres libros de su autoría. Asimismo podrían conservarse sus fotografías y los afiches de sus películas, así como sus pertenencias de otro carácter, que serían de entrañable significación para este museo.

1912-1951
Nació en Barahona como María África Gracia Vidal y ganó fama y popularidad en la década de los años 40 como una belleza exótica, al protagonizar una serie de películas de aventuras, rodadas en tecnicolor, sobre temas vinculados, generalmente, al Oriente Próximo. Su filmografía cuenta con 21 películas estadounidenses, dos francesas y tres italianas. Falleció trágicamente el 7 de septiembre de 1951 en la plenitud de su vida artística y personal, en París, donde vivía con su esposo, el destacado actor francés Jean Pierre Aumont y la única hija del matrimonio (también actriz) Tina Aumont, ambos ya fallecidos.
Otros detalles al respecto se encuentran en la obra “María Montez. Su vida” (edición especial del centenario), de la autoría de quien suscribe.