El león contra los gatos

Eusebio Rivera Almodóvar

Si uno compara la ciudad capital con la que existía hace 10 o 15 años, tiene que aceptar, con honestidad, que ha cambiado en forma relevante, sobre todo por el número de edificaciones, tipo torres, en el llamado casco urbano o centro de la metrópolis. Pero si uno compara los niveles de violencia y delincuencia con los que existían hace 10 o 15 años, percibe que existe una elevación pasmosa que se ha convertido en incontrolable para las autoridades. Podríamos decir, atendiendo a ambos parámetros, que estamos en una peligrosa y salvaje selva de cemento.
Y asociado con la selva, se conoce al león, calificado por su potente rugido, como el rey. Y rugió en un recorrido denominado “visita solidaria” por Los Alcarrizos que se transformó en una caravana que asustó a los que actualmente tienen el dominio administrativo y territorial de la selva. Y se ordenó apagarle los escenarios y altoparlantes que puedan amplificar su rugido. Así la Junta Central Electoral, argumentando que la ciudadanía no aguanta chercha electorera permanente, emitió una orden prohibiendo las actividades proselitistas precampaña, lo que está siendo cuestionado por los acólitos del león y apoyado por mansos y cimarrones que simulan ignorar que esos actos son una importante fuente de empleos que mucha gente quisiera eternizar. Y así lo que se vislumbra es una entretenida lucha entre el león y sus seguidores y los numerosos gatos que ahora disfrutan del poder, donde el león rugirá con toda su fuerza y los gatos, proverbialmente peligrosos, sobre todo cuando pelean boca arriba, buscarán el apoyo de otros felinos salvajes que aquí denominamos tigres, pero no del Licey.


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