El merengue, nuestra identidad cultural

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04 junio, 2004 12:00 am Sé el primero en comentar
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En mi modesta biblioteca de consulta, estrictamente poseo tres estudios sobre el merengue, el primero de los cuales “Encuentro con el merengue”, es el resultado de varias ponencias que en 1978 logró editar la comunicadora Gloria Guerrero Bonetti. Un segundo estudio sobre el merengue lo propició el doctor Polibio Díaz Matos cuando presidió el disuelto Banco Antillano, en formato grande, ilustraciones a todo color, al cuidado del escritor José del Castillo y del empresario Manuel García Arévalo.

Un tercer volumen, mucho más completo que todos los anteriores, lo propició E. León Jimenes en ocasión de festejar su primer centenario, por todo lo alto, efeméride de la cual el arte ha salido altamente beneficiado, y en la ocasión, encomendó la obra al escritor Rafael Chaljub Mejía, que comenté en su oportunidad, es magnifica, rigurosamente estudiada, en un impresionante volúmen de 416 páginas.

Ahora Verizon ha completado ese ciclo de publicaciones fastuosas, regias en la ocasión, al cuidado del reputado compositor Rafael Solano y la escritora Catana Pérez de Cuello, y un monitoreo del intelectual y escritor José Rafael Lantigua.

El merengue: música y baile de la República Dominicana, es el título de esta monumental obra de 481 páginas, con 252 gráficas, grabadas muchas a todo color, en blanco y negro otras, que presenta en su portada una evocación del merengue del maestro de la plástica recién fallecido, profesor Federico Izquierdo, y la primera gráfica del interior, un fresco del merengue original de José Ramírez Conde (Condesito).

Esta nueva entrega a la bibliografía nativa de nuestra danza más popular, entronizada en los salones encopetados por el generalísimo Rafael Leonidas Trujillo y conducida a los estratos altos del pueblo dominicano por el imparable maestro y compositor Luis Alberti, con su inolvidable orquesta Generalísimo Trujillo, luego Santa Cecilia, estudia 150 años del merengue nuestro, a partir de 1854.

Fue nuestro insigne músico Juan Bautista Alfonseca el primero que compuso merengues como “¡Ay Cocó”!, “Los pastelitos”, “El Morrocoy”, “La Juana Quilina”, “La cadena”, “El sancocho” y muchos más.

De inmediato, los intelectuales y adalides del liberalismo como Ulises Francisco Espaillat y Manuel de Jesús Galván, execraron el ritmo nuevo, tildándolo de obsceno y lujurioso, una herejía a la contradanza que era el baile socorrido de la época en las clases distinguidas y pudientes de nuestra sociedad.

Pero el merengue se impuso no solamente porque resultaba afín a la raza africana, que siempre ha sido supernumeraria en nuestro país desde que se inició el condenable negocio de la trata de esclavos, sino porque “pegó”, poco a poco, pero de manera inexorable, en la preferencia de la otra etnia minoritaria aristocrática de nuestro entorno.

Sus grandes exponentes han sido Ñico Lora, Trío Reynoso, Radhamés Reyes Alfau, Luis Kalaf, Isidro Flores, Dionisio Mejía (Guandulito), Toño Abreu, Tatico Henríquez, Bartolo Alvarado (Cieguito de Nagua), Ángel Vilona, Rafaelito Martínez, Rafael Ignacio, Billo Frómeta, Negrito Chapueaux, Simó Damirón.

También Félix del Rosario y los Magos del Ritmo, Antonio Morel, Johnny Ventura, Joseíto Mateo, Ramón Gallardo, Papa Molina, Napoleón Zayas, Julio Alberto Hernández, Belkys Concepción, Milly Quezada, Frank Cruz, Dioni Fernández, José Dolores Cerón, Juan Francisco García y Manuel Sánchez Acosta.

Casandra Damirón ha sido la más soberbia intérprete del merengue en los ambientes populares autóctonos de todos los tiempos, mientras que en 1918 don Pancho García escribió los primeros merengues que denominó “danza criolla”, con ocho compases, luego 16 y en 1922 Emilio Arté le añadió el paseo y ese mismo año Juan Espínola también grabó. Cinco años después don Julio Alberto Hernández publicó el primer merengue y en 1937 Luis Alberti escribió quizás el más emblemático de todos los tiempos: “Compadre Pedro Juan”, por demás, el primero que se bailó en los salones de la alta sociedad.

La nueva edición relativa a la historia pormenorizada e ilustrada del merengue es sin lugar a dudas la de mayor profundidad y despliegue gráfico de cuantos estudios se ha editado en nuestro país.

Constituye un aporte valiosísimo al estudio y promoción de nuestro baile por excelencia, el más recurrido y sabroso de cuantos trajinan por nuestras pistas de bailes y emisoras radiales, a golpe de güira, tambora y acordeón, solemnemente honrado por orquestas reputadas.

Esta edición tan imposible de sostener entre las manos. como de ponderar en su infinitud el tesoro que representa, recrea y consagra de manera definitiva nuestro aire musical más sentido, gustado, buscado, canalizador de la alegría del país, pivote idóneo para quitar el estrés que provoca el agobio y el reto de sobrevivir en épocas difíciles y duras, como la presente.

Es de desear que grandes consorcios editen trabajos consagratorios del arte y la historia vernácula.

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