El movimiento sindical en la Era de Trujillo, martirio y luchas

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Violaciones a todo derecho, sin importar donde esté estipulado, falta de libertades para expresar públicamente las ideas y un control absoluto por parte del régimen trujillista, fueron algunos de los factores que marcaron el sindicalismo durante la dictadura más sangrienta registrada en República Dominicana.

Sin duda alguna los 30 años de poder social que escenificó Rafael Leónidas Trujillo Molina en el país, estuvieron marcados por la utilización de todos los medios disponibles a fin de controlar los procesos sociales, hecho que se traducía en un temor general de la población para expresar sus ideas, de manera pública o privada.

Sin embargo, y como suele suceder en estos tipos de gobiernos, caracterizados por la represión y la ausencia del diálogo para la solución de problemáticas, diferentes grupos se estaban aglutinando en toda la media isla, para erradicar esta  práctica de menoscabar la libertad pública y la igualdad de derechos.

Grupos de izquierda, organizaciones clasistas y especialmente grupos de sindicalistas, se despertaban y demandaban lo que consideraban justo, aunque la gran mayoría debió pagar con sus vidas la rebeldía social ante El Jefe, el alias del dictador.

Trujillo Molina controlaba toda la economía dominicana y eran muy limitadas las empresas privadas. Las que existían debían regirse por los preceptos marcados por el gobierno dictatorial, por consiguiente era el déspota quien determinaba los salarios y los limitados beneficios que recibía el trabajador. En ese tiempo no se podía disentir sobre el monto a ganar, las horas a trabajar y los lugares donde hacerlo. Las leyes las hacía y las aplicaba Trujillo.

Despertar social contra el régimen. Estas limitaciones fueron despertando la apatía hacia el régimen de jóvenes, que intentaron transformar esta situación y formaron los primeros movimientos sindicales.

Es en los años 40 cuando el movimiento sindical motoriza las luchas sociales, enfocándose en lo político y económico, con grupos, en su mayoría conformados por trabajadores públicos.

El sindicalismo durante la dictadura trujillista. Tal como se expresa en numerosos escritos sobre la época consultados en el Museo Memorial de la Resistencia, el advenimiento de la Era de Trujillo paralizó con su fuerza represiva la acción organizativa de los trabajadores dominicanos, y no es hasta 1942 que se nota un resurgir del movimiento sindical.

Un nuevo orden en la correlación de fuerzas en el campo mundial y el notorio desarrollo de las fuerzas productivas dominicanas restablecen la tranquilidad de la clase trabajadora.

En el país, este movimiento se refleja de dos modos: legislativamente, cuando se dicta la Ley 637 sobre Contratos de Trabajo; y sindicalmente, cuando se organiza por impulso oficial la Confederación Dominicana de Trabajadores.

La nueva legislación significaba un gran triunfo para la clase obrera, ya que no tenía conquistas destacadas (ni siquiera se reconoció el derecho a huelga). Sin embargo, la presión a que se veía sometido el régimen, al llegar el año 1945 –cuando se registra lo que puede considerarse una prueba de la fuerza obrera frente a la tiranía- el movimiento huelguístico de los ingenios azucareros del este obligó al régimen a ceder en las demandas.

La victoria obrera no impidió que después castigaran duramente a los principales dirigentes de la atrevida acción: Mauricio Báez, Dato Pagán y Freddy Váldez.

El régimen se ve forzado a ceder ante el auge general obrero, y así, en 1951, la dictadura decreta el llamado “Código Trujillo de Trabajo” que de hecho ampliaba los derechos sindicales.

Huelgas y manifestaciones durante el régimen. El hecho de que en la República Dominicana no se haya registrado un solo movimiento huelguístico a partir de 1948, indica el carácter sanguinario del régimen y la escasa vigencia de los derechos sindicales.

Los trabajadores dominicanos producían a costa de su propia sangre los millones que edificaron el más grande monopolio económico que recuerda América Latina.

A pesar del notable auge de las fuerzas productivas, las relaciones de producción habían permanecido estacionarias desde la época en que el tirano hizo su primera concesión. Y los trabajadores se hundían en la opresión económica y política, en contradicción con la tremenda inquietud que se registra hacia 1959 con la reorganización de los sindicatos existentes y la constitución de otros nuevos.

A partir del 1961 las condiciones de vida de los trabajadores, aunque en forma mínima, registran cambios positivos como consecuencia de una situación conflictiva que se venía incubando en la sociedad, dentro del marco del desarrollo de las fuerzas productivas, como consecuencia de este conflicto, el propio tirano tuvo que aparentar una cierta “democratización” en su régimen.

Los mártires. Según Efraín Sánchez Soriano del Movimiento de Trabajadores Independientes MTI, desde comienzos de los 40, Mauricio Báez, Justino del Orbe, Teódulo Guerrero Montás, José Antonio Féliz, Juan Niemen H, Nando Hernández y otros luchadores, comprendiendo la necesidad de estrechar los vínculos con los obreros de los ingenios azucareros de la región Este, y con dirigentes obreros de otras regiones del país, así como con el movimiento clandestino de resistencia a la dictadura trujillista, lográndose con ello el desarrollo y fortalecimiento del movimiento sindical.

De acuerdo a lo planteado en el articulo “Mauricio Báez y el movimiento obrero”, el control y la mediatización del movimiento obrero por la tiranía se mantuvo en los años 44 y 45 y ello a pesar de que la dictadura, cediendo a la presión extranjera, había aprobado cuatro convenios internacionales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que formal y aparentemente favorecían a la clase obrera dominicana, cuyo cumplimiento jamás permitió Trujillo, tanto así que en 1942 un intento de huelga azucarera en La Romana fue sofocado por el Ejército, igual que otro intento en 1945, antes de comenzar la zafra de ese año, abortado por la terrible represión del régimen.

Años cruciales para el movimiento obrero. Sin embargo, los años 1944 y 1945 fueron cruciales en la historia del movimiento obrero, tanto por las conquistas logradas como por el grado de organización, combatividad, liderazgo y concientización de la clase obrera de entonces alcanzados como resultado principalmente  de las luchas reivindicativas de los trabajadores azucareros, y en las que jugaron un papel fundamental los dirigentes de la Federación de San Pedro de Macorís bajo la conducción de Mauricio Báez, Justino del Orbe y otros, así como los de la federación provincial de La Romana bajo la dirección de Nando Hernández y Manuel Tuma, con la colaboración de refugiados españoles.  

La huelga azucarera de 1946  fue el acontecimiento más extraordinario del movimiento obrero dominicano de la época, estremeció a la dictadura, la cual no se atrevió a reprimirla a sangre fuego como había acontecido con anterioridad, aunque en los días subsiguientes a la misma varios  dirigentes sindicales fueron asesinados, entre ellos Emeterio Dickson (Blanquita) y Luis Rafael Quezada (Negrito), de La Romana.

Un día después de iniciada la huelga en La Romana, Báez fue hecho preso en el Ingenio Consuelo por órdenes personales del administrador general, señor Kilbourg  con la acusación de violar la propiedad privada y agitar a los trabajadores del ingenio, pero fue puesto en libertad la misma noche. 

Amenaza de muerte. Amenazado de muerte,  Mauricio se asila en la embajada de México, y su compañero Nando Hernández días después, llegando finalmente a La Habana, donde fueron recibidos por la CTC, y desde allí siguieron  denunciando la opresión trujillista y demandando solidaridad internacional para el pueblo dominicano, gracias a la cual Mauricio pudo regresar al país y reintegrarse a la organización del congreso obrero que tendría lugar el 24 de septiembre de 1946 y participar en la lucha política como dirigente y fundador del Partido Socialista Popular (PSP).

Desaparición. En diciembre de 1950, viviendo en una modesta casa en el Reparto Sevillano, Mauricio fue secuestrado y desaparecido por sicarios al servicio de Rafael Trujillo.  El exilio dominicano y  sus amigos más fieles movieron cielo y tierra para esclarecer el crimen e identificar a los culpables, pero todo fue y sigue siendo en vano. Mauricio desapareció para siempre. La dictadura no sólo le arrebató su propia vida, sino que años después, en 1959, asesinó a dos de sus  hijos, Pedrito Ramón, de 28 años, y Federico Oscar, de 26, los cuales desaparecieron en Santo Domingo el mismo año, por orden de Trujillo. 

La historia del sindicalismo en República Dominicana, sin dudas tuvo su mayor reto durante la Era de Trujillo. No se ha registrado otra época más represiva que la vivida durante los 30 años de la tiranía.

Sin embargo, ese período fue propicio para que numerosas agrupaciones sociales pusieran a prueba su gallardía y desafiaran con vehemencia al sátrapa más cruel que registra la historia contemporánea dominicana.

Hoy, a 52 años de la finalización de la era, se reconoce el valor de los mártires que perdieron sus vidas en procura de la defensa de los derechos colectivos.


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