El Museo de Juan Pablo Duarte, sumido en el polvo y el abandono

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El polvo y la humedad amenazan dañar todo: documentos, libros, pinturas, esculturas, piezas históricas invaluables. Para cualquier museo, sería una tragedia; para este es un crimen porque se trata del museo de Juan Pablo Duarte, Padre de la Patria.

En 2012, víspera de la celebración del bicentenario del nacimiento del Patricio, la Oficina de Ingenieros Supervisores de Obras del Estado (Oisoe) prometió “convertir en una maravilla” este lugar donde nació Duarte. Dos años y medio después, no ha cumplido su promesa.

“Nosotros ni siquiera les pedimos el arreglo, ellos se ofrecieron a hacerlo”, dice don José Pérez Saviñón, presidente del Instituto Duartiano, indignado por los inconvenientes que este retraso está provocando a la entidad que más trabaja para difundir la vida y obra del fundador de la República Dominicana.

“Lo peor es que hace más de tres meses que los trabajos están completamente paralizados, aquí no ha vuelto ni un obrero”, añade y afirma que ha mandado cartas a la Oisoe para exigir la terminación de los trabajos de reparación, sin obtener resultado.

“Al principio nos decían que iban a continuar las labores, que concluirían las cubicaciones; pero desde hace un tiempo ni siquiera recibimos respuesta”, se queja.

La intención original era reinaugurar el museo el 16 de julio de 2013, coincidiendo con la fecha de fundación de La Trinitaria, la sociedad secreta que creó Duarte para llevar a cabo su labor revolucionaria. Pasó esa fecha, pasó el 2014 completo y se acerca otro aniversario de La Trinitaria sin que se vislumbre la posibilidad de que los trabajos sean concluidos.

“Mejor lo hubieran dejado como estaba, al menos antes podíamos mostrar al público, sobre todo a los estudiantes, las glorias de Duarte”, dice Pérez Saviñón, quien con sus 85 años, esquiva obstáculos, sube y baja escaleras, camina sobre tablas y arena, para mostrarnos personalmente el estado de la reconstrucción del museo. “Mire las varillas, oxidadas, eso es una muestra del tiempo que tienen al aire libre, cogiendo agua y sol”.

Los duartianos no se detienen. Pese a la incomodidad que provoca el retraso de los trabajos de la Oisoe, los duartianos siguen laborando. Embutidos en un par de oficinas atestadas de archivos, documentos y libros, unas 20 personas siguen coordinando charlas sobre Duarte y enviando libros sobre el Patricio a las filiales del Instituto Duartiano en varias provincias del país.

Con los fondos que reciben del Ministerio de Cultura han organizado un espacio para mostrar algunas de las piezas más importantes del museo, que no son ni la décima parte de todo el valioso material que tiene. Igualmente están preocupados por el estado de los documentos originales que han guardado temporalmente en cajas hasta que finalicen las obras.

También lamentan el cierre de la biblioteca y se quejan de que ni siquiera pueden celebrar reuniones del Consejo porque el salón está deteriorado. “Para mí esto no tiene nombre, aquí se invierte muchísimo dinero en otras cosas, cómo es posible que el Instituto Duartiano, su museo y biblioteca, estén en las condiciones en que se encuentran. Por eso exigimos a la Oisoe que cumpla con su deber, no con nosotros, sino con el pueblo dominicano”, refirió Pérez Saviñón.


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