El nacimiento y la muerte

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Pocas son las formas de venir al mundo de los vivos, digamos para simplificar, arribamos por parto natural o través de una operación llamada cesárea. En ambos casos anunciamos la llegada de la cigüeña por medio del llanto, lo cual se torna en alegría para la madre, el padre y allegados. La fecha del natalicio es celebrada y esperada con regocijo. Poca gente ignora el lugar en donde nació , ni tampoco la hora, el día, mes y año de su advenimiento. Todo lo anterior nos resulta simple y agradable, en tanto tengamos juicio y entendimiento.
Algo distinto ocurre con el antípoda de la vida humana, el cual los artistas del dibujo y la pintura representan con un esqueleto andante que lleva en sus manos una guadaña. Nadie desea ver la parca merodeando por la cercanía, mucho menos que nos anuncie la fecha de su arribo a nuestro hogar. Me permito diferir de los artistas del simbolismo mortal, ya que es vistiendo una miríadas de trajes con colores distintos como usualmente se nos presenta el fallecimiento. Todavía voy más lejos, pienso que salvo los casos de las muertes violentas, los decesos naturales se instalan desde una base y construyen una pirámide con variado número de peldaños, o mecanismos que finalmente nos llevan a una irreversible despedida.
La gama de causas básicas de muerte ha llevado a la Organización Mundial de la Salud a crear un sistema de código de enfermedades capaces de ponerle fin a la vida. Epidemiólogos y salubristas están bastante familiarizados con el CIE-10, siglas que significan Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Problemas Relacionados con la Salud. Con los años crecen las ediciones y el grosor del contenido de estos volúmenes, a medida que se conocen y agregan nuevas afecciones orgánicas.
Cada país o región tiene su perfil de mortalidad, tanto para hombres como para mujeres, así como para niños y ancianos. A sabiendas de que existen muchos males evitables, es compromiso ético, moral y legal de gobernantes y gobernados el tomar cuantas medidas consideren necesarias para prevenir y evitar las defunciones prematuras.
Las políticas sanitarias deben estar dirigidas a tratar de mantener sana a la población, a través del reforzamiento de los programas educativos que promuevan costumbres de una adecuada nutrición, actividad física y mental, convivencia social y ambiental. Un segundo pilar se apoya en impedir la entrada a destiempo en la odiosa efigie egipcia triangular fatal, hablamos de la medicina preventiva. Para esto disponemos de vacunas contra una serie de enfermedades infecto-contagiosas. Ello requiere de un esquema de inmunizaciones que se inician con el embarazo y se continúan hasta la vejez.
El tétanos, la tosferina, el sarampión, la rubeola, la papera, la poliomielitis y la difteria son males del pasado en muchas regiones y continentes. El hecho de que un caso mortal de difteria acaecido en el territorio dominicano genere una alarma general es indicio de que las cosas no andan del todo bien en materia de salud. Arrastramos una deficiencia sanitaria ancestral en la que la pobreza general crónica juega un rol muy importante. Nuestra pobreza educativa, pobreza financiera, pobreza espiritual, pobreza democrática, sumadas al bochornoso desequilibrio social y desorden migratorio presente, explican en parte, los apuros actuales. Cierto que hay muchas razones para morir, pero también es verdad que todos tenemos el derecho a una mejor y prolongada estancia de vida saludable.


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