EL NOMBRE exquisita comedia contemporánea

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Nueva vez Gianni Paulino, productora ejecutiva de Atrévete, S.R.L., acierta al escoger para su representación una obra teatral: “El Nombre” –Le Prenom-, escrita por los autores franceses Matthieu Delaporte y Alexandre de La Patelliére, obra que ha tenido gran éxito desde su estreno en 2010.
El excelente texto, actual, se enmarca dentro de la denominada “Comedia de Salón”, en la que sus personajes se muestran discutiendo en un salón burgués, y la comicidad es esencialmente verbal, muy sutil, quedando el espectador atrapado en la narrativa, que no admite distracción.
La trama se desarrolla en el apartamento parisino, del matrimonio de Pierre, un profesor universitario, y Elisabeth, profesora de secundaria, al que llegan, Vincent, hombre exitoso, moderno, hermano de Elisabeth, casado con Anna, quien también acude al apartamento, un poco tarde. Otro personaje es “Claude”, músico, con poco sentido del humor, que aparenta ser lo que no es. Una voz en off especie de narrador nos introduce en la trama, que inicia lentamente.
Un asunto tan trivial como el nombre que pondrían al niño que esperan Vincent y Anna, abrirá un debate fascinante. “Adolph” es un referente en la memoria colectiva que remite a Hitler, símbolo del mal; de este debate pasarán a otros, y así con hilaridad y fino ingenio, vamos conociendo a los personajes y sus relaciones entre unos y otros.
El engranaje de cada pieza, perfectamente colocada y movida, permite la fluidez de la puesta en escena, totalidad lograda por el director, Antonio Melenciano, no obstante el extenso texto, que por momentos se vuelve repetitivo. Acierta además Melenciano al escoger a los actores para cada personaje.

Gianni Paulino encarna a “Elisabeth”, y nos devuelve la viva imagen de la esposa por momentos marginada, más bien parecería una mujer de décadas atrás, pero es sólo apariencia, en el decurso toma posesión de su rol, mujer de hoy, y consigue matizar su actuación, siendo esta una de sus mejores interpretaciones.

Reencontrarnos con Richard Douglas, alejado de la escena por muchos años, ha sido verdaderamente grato; su interpretación verosímil, proyecta la personalidad obsesiva de “Pierre” el profesor e intelectual con su carga de irónico humor, plenamente lograda. Saludamos el regreso a las tablas de este consagrado actor.
José Roberto Díaz, como “Vincent”, con buen empaque y mejor talante, es el prototipo del hombre exitoso y disoluto de hoy. Su actuación pletórica de comicidad, es una muestra de su versatilidad y junto a Douglas consiguen una dialéctica actoral estupenda.

Un personaje simpático, a veces distante es “Claude”, la interpretación de Pepe Sierra es excelente, el amaneramiento dosificado que imprime a su personaje es creíble, al punto que confunde a sus oponentes, también al público.

Por primera vez vimos actuar a Elizabeth Chahin, y la impresión no pudo ser más favorable; con gran efectismo asume el papel de “Anna” la esposa embarazada de “Vincent” y lo proyecta en su exquisita liviandad; su “estado” no obstante, no le resta a su atractiva presencia escénica.
Un elemento, la escenografía, nos atrapa en ese limitado cosmos de la representación, artificio creado exquisitamente por Darío Velez, resultado de una concepción semiológica de la puesta en escena, en la que el énfasis en los detalles y el cromatismo, nos acercan a la estancia del intelectual; la vista de la Torre Eiffel, y la voz de Edith Piat, en su famosa canción Non, je ne regrette rien, nos sitúan en el lugar exacto: París.
El final. Nos reserva aún muchas sorpresas, cada momento, hilarante o reflexivo, es matizado con mayor o menor intensidad de luz, por la siempre eficiente luminotécnica Lillyanna Díaz. Y la voz de Gustavo Olivo, hermosa, con impecable dicción, presente siempre hasta el final, se convierte en un personaje más.