El olvidado José Ricardo Roques

Ignorado por todos. El más destacado impresor del siglo pasado, que dejó como pruebas invaluables de su quehacer las revistas La Cuna de América y El Teléfono, fundadas y dirigidas por él, También fue un gran filántropo.

José Ricardo Roques no solo fue el más destacado impresor del siglo pasado, que dejó como pruebas invaluables de su quehacer las revistas La Cuna de América y El Teléfono, fundadas y dirigidas por él, sino que fue un gran filántropo, soldado de las guerras restauradoras en las que resultó gravemente herido. Se repuso para continuar impulsando las letras dominicanas y “el santo amor a la Patria”.

Tuvo también como rasgo distintivo el deseo constante de aprender y de perfeccionarse en su trabajo. Fue maestro de los más notables tipógrafos de su tiempo y forjador de un sinnúmero de escritores.

Era muy pobre y huérfano desde edad temprana. Una tía suya fabricaba “rapé” que él salía a vender por las calles de la ciudad. Al pasar por la imprenta de García Hermanos se detenía invariablemente. “Notolo don Manuel García que se le acercó y le dijo: “¿Te gustaría ser impresor? Y lo colocó en la casa, le enseñó el oficio y llegó a quererlo como un hijo. Roques dejó al morir los más renombrados talleres de la República. En el extranjero eran admirados sus trabajos…”, escribió Américo Lugo.

Graduado en el Seminario Conciliar, recibió las primeras lecciones de parte del padre Meriño y fue condiscípulo de Federico Henríquez y Carvajal. Colaboró decididamente con el padre Billini en sus obras de beneficencia, quien al morir lo dejó encargado de la Junta de Caridad de la que Roques fue entonces presidente.

“Ganó mucho dinero con sus empresas pero daba cuanto tenía al necesitado”, agrega Lugo.

Este dominicano ejemplar, sensible, solidario, patriota, guerrero, intelectual, mecenas, filántropo, no ha sido merecedor de un homenaje que evoque su memoria. En 1984 el Ayuntamiento del Distrito Nacional emitió una resolución designando con su nombre una calle de Santo Domingo que aún espera su ejecución. La labor de José Ricardo Roques, sin embargo, amerita un reconocimiento mayor que esa vía laberíntica, inaccesible, que nadie logra localizar.

La Cuna de América es fuente de consulta obligada para todo investigador de la historia. Fue tan afamada que llegó a llamársele “La Revista”. Ni hablar de El Teléfono.

“Benefactor silencioso”. Las plumas más insignes de la intelectualidad llenaron páginas lamentando la muerte de José Ricardo y destacando sus virtudes. “Fue benefactor silencioso, el que no disfrazó la enemistad con la amistad ni faltó a la lealtad debida al compañero o amigo; el que fue patriota en los momentos de más peligro para la existencia de la nacionalidad dominicana y supo protestar en alto contra toda tentativa de anexión real o aparente; el que fue un artista enamorado de su arte, que contribuyó a darle voz a la prensa y alma al libro…” consignó Juan Elías Moscoso hijo.

Federico Henríquez y Carvajal destacó su patriotismo, su paternidad ejemplar y abnegada, el desinterés y la devoción por la cultura y la edición de libros y periódicos “en los cuales puso siempre exquisito gusto estético”.

Moscoso Puello, J. M. Pichardo, Renato Soto, Listín Diario se unieron a estos lamentos por su partida y a glorificar su obra. Américo Lugo aporta datos para su biografía, al margen de los elogios. “Fue dos veces Restaurador de la Independencia Nacional: la primera alcanzó el grado de sargento combatiendo, casi niño, la Anexión Española; la segunda cuando era teniente del célebre Batallón Restauración, protestando en 1870 junto al doctor Alfonseca y otros oficiales contra la Anexión Americana, por lo que sufrió cárcel y destierro”.

En la Restauración ascendió de sargento a teniente. Más tarde, herido de gravedad en la acción de Porquero, fue ascendido a general de Brigada. Ejerció de Jefe de Estado Mayor del presidente González, Jefe Militar de la Línea Noroeste y diputado por Montecristi.

Fue masón de la Gran Logia La Cuna de América, en la que alcanzó Grado 33 y acogió con amor en su redacción a jóvenes principiantes “que hoy honran la República”. “Tenía ojo certero para ver en el niño al hombre futuro: él descubrió en Jacinto R. de Castro un jurisconsulto; en Valentín Giró, un poeta”, manifiesta Lugo.

José Ricardo nació el cuatro de abril de 1844, hijo de Pedro Roques y Tomasa Elena de Nio. Casó con Marta Pérez. No hay datos de si tuvo descendencia. Murió de una afección cardiaca el cinco de julio de 1908.

La calle. Es probable que quien sugiriera el nombre de la calle en homenaje a José Ricardo Roques fuera el historiador Emilio Rodríguez Demorizi, entonces presidente del Ayuntamiento del Distrito Nacional, por el conocimiento que tenía de la vida y la obra del impresor, escritor, periodista, filántropo y por el buen uso que hacía de su legado histórico.

La resolución, que firman él y Flavio Nelson Méndez Rodríguez, secretario del cabildo, es la número 27/84 bis. Considera los méritos del distinguido restaurador y luchador por la soberanía y resuelve “designar la actual calle Respaldo México, que parte desde la avenida México, a unos 50 metros al oeste de la calle Anacaona, hasta dar a una especie de farallón por debo de la (sic) cual corre la avenida Pedro Henríquez Ureña”.

No fue posible dar con esa dirección. En mapas antiguos y modernos, físicos y virtuales, no aparece el nombre de esta calle. La resolución no se aplicó en ninguna otra vía.