El oscuro futuro

Eusebio Rivera Almodóvar

Comparto con una gran parte de los dominicanos la desgracia de ser víctima de los apagones, desde sus fases iniciales a principio de los 60, con velas, jumiadoras, lámparas de aceite, gas kerosene y propano, hasta los períodos posteriores de los inversores, las plantas eléctricas y la energía alternativa. Prometí terminar mi abstencionismo votando por un partido o Gobierno que terminara con esa plaga socioeconómica nacional. Mi sensibilidad social chocó con mi egoísmo analizando la planificación gubernamental con la planta de Punta Catalina, pero nadie me convenció de que ese proyecto no es anacrónico, dado que el carbón mineral está en decadencia como fuente de energía, los terrenos utilizados están en entredicho, la empresa constructora está en la picota internacional, su concurso fue etiquetado como manipulado y se dice que los sobornos estuvieron a la orden del día, siendo falso que generará energía más barata a la población y que se terminarán los apagones.
Cuando la planta inicie su funcionamiento, yo podría ser uno de los beneficiados con energía 24 horas, pero los hijos y nietos míos y de mis contemporáneos tendrán que pagar ciento veintisiete mil trescientos cuarenta y cuatro millones de pesos (a la tasa actual del dólar) que incluyen los 708 millones de dólares reclamados por Odebrecht, que pudieron utilizarse en salud, educación, viviendas y empleos para los dominicanos de ahora, infortunados progenitores de la próxima generación de ciudadanos miserables, enfermos, con déficit educacional, sin techos, sin empleos y con una deuda externa asfixiante, a quien nadie les querrá prestar ni un centavo de dólar con una economía que no tendrá de qué depender porque todo pertenecerá a los prestamistas internacionales.


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