El partido/Estado/corporación

La presente fase del Congreso del Partido de la Liberación Dominicana, PLD, para elegir los 168 nuevos miembros de su Comité Central, constituye otra demostración de que la política en este país se ha convertido en actividad de altísima rentabilidad económica, que para cualquier candidato obtener la representación en cualquier instancia de las instituciones políticas debe invertir grandes recursos económicos. Algunas veces propios, pero las más de las veces la inversión de recursos la hace el Estado.

Desde siempre, en nuestro país, quienes controlan el Estado hacen uso de los recursos para favorecer determinados candidatos, pero ha sido en los gobiernos del PLD donde esta práctica de corrupción política ha llegado a los más altos niveles. “Me venció el Estado”, fue la frase lapidaria acuñada por el actual presidente Medina, luego de su derrota sufrida a manos del ex presidente Fernández durante los comicios internos para elegir el candidato presidencial del PLD para las elecciones del 2008.

La esencia de esa frase fue utilizada por Jaime David Fernández y sus seguidores, luego de ser derrotado por Medina durante el proceso eleccionario interno del 2000. Hoy, concluida esta penúltima fase eleccionaria del Congreso del PLD, la frase es nuevamente utilizada por los candidatos perdedores vinculados al ex presidente Fernández. Y es que, al decir de muchos militantes del PLD, el dinero, el nuestro, el de los contribuyentes, ha rodado a raudal para comprar voluntades a favor de los candidatos vinculados a Medina.

Pero no solamente ha rodado el dinero del Estado, sino el dinero de singulares candidatos a través de costosas campañas de propaganda. La inversión para obtener un puesto en el más alto organismo de dirección sólo es justificable por los niveles de retorno de esa inversión y eso es posible cuando en un sistema político se entroniza esa perversidad conocida como partido/Estado. Cuando los intereses del Estado, vale decir, de la Nación, se subordinan a los intereses del partido gobernante y cuando se generaliza la perniciosa práctica de que ocupar un alto puesto en las instancias partidarias garantiza un alto puesto en las instancias del Gobierno que en ese momento administra el Estado.

Cuando las maquinarias partidarias son manejadas por una élite como si fuesen grandes empresas, se llega a la insólita práctica, como ha sido el caso, de que su Comité Político se arroja la facultad de escoger de dedo un nuevo miembro del Comité Central, teniendo Medina y Fernández la facultad de escoger dos por cabeza. Una aberración que vacía de contenido democrático la participación política. En ese caso el elegido está subordinado al elector, al dirigente, no a las bases.

El dinero usado por todas las partes para imponer candidaturas, salvo una que otras excepciones, evidencia también la inexistencia de diferencias sustanciales entre las facciones y el fracaso del PLD como proyecto político democratizador de la sociedad dominicana. Lo que ha entronizado es una suerte de Estado de partidos, como lo llama Triepel, donde todas las instituciones del Estado, sobre todo el Congreso Nacional y la judicatura, se subordinan a la facción partidaria mayoritaria.

Sólo la acción articulada de sectores políticos, sociales y productivos puede desmontar ese tipo de Estado.