El peldaño que no debe faltar

La demanda de establecer la fase de atención primaria para los afiliados de todas las categorías en la Seguridad Social está fundada en criterios y experiencias favorables a la función obligadamente social del sistema estimándose que los buscadores de atención deben acogerse, antes que nada, al umbral de diagnósticos básicos que garantizaría la racionalidad de costos tanto para los prestadores como para asegurados. Hasta ahora la protección médica ha funcionado con las limitaciones que dieron pie a los copagos y coberturas extras para enfrentar la carestía de especialidades médicas a cargo de profesionales de alto precio por consultas y procedimientos o que se niegan a aceptar los seguros. Dar a todos los asegurados la oportunidad de recurrir a evaluaciones básicas no les privaría del derecho a escoger prestadores de su preferencia -como se quiere hacer creer- cuando deben asistir a consultas de mayor nivel e internamientos.
Ha llegado la hora de imprimir funcionalidad a la protección de salud ensanchando el acceso de los afiliados, en su mayoría de pocos recursos, sin perjudicar con ello a algún sector en particular. La rígida oposición a este paso sostenida por agrupaciones médicas y de centros asistenciales privados no parece lo más razonable. Más de un foro de expertos ha vislumbrado que sin la atención primaria como piedra angular, el sistema no sobreviviría. ¿Por qué jugar a quedar todos sin pito y sin flauta?

Conviviendo con lo residual

Lanzar desechos sin tomar en cuenta la protección al ambiente y a seres humanos acaece muy libremente en República Dominicana. Un flujo heterogéneo de basura llega a Duquesa como destino final de cosas que se botan. Substancias de alta toxicidad se degradan allí pasando al subsuelo para extenderse territorialmente con daños a los acuíferos.
Las mezclas incompatibles originan al descomponerse gases nocivos que el viento arrastra. Los cíclicos incendios del inmenso vertedero ponen a millones de capitaleños a respirar inmundicias vaporizadas. Y en Santiago por igual. La modernidad ha llenado el país de residuos plásticos y otros materiales no biodegradables que, como ya se sabe, acaban con la vida cuando se permite su llegada al agua por falta de método y rigor para su disposición final, esterilización o reciclaje.