El PRD se muere solo

Luego de dos largas semanas de asueto involuntario, los columnistas de los miércoles del periódico Hoy, volvemos a la carga. En mi caso, no tengo mucho que contar que no haya sido ya comentado, analizado, editorializado con mayor propiedad, siendo tema obligado entre familiares y amigos que aspiran respirar la esencia navideña de amor y paz, propicia para la reflexión, moderación y convivencia. En cambio, nos arroja un saldo negativo de desolación y muerte, una fatídica carga de violencia y excesos, de desprecio por la vida humana, de angustia e impotencia que parecen no tener fin.

Se me ocurre hablar del PRD, el mayor partido de oposición (¿?) algo realmente preocupante porque fatídica y lentamente se nos muere solo, abandonado a su triste suerte quedando solo la ilusión de su leyenda. Lo afirmado quizás amerite explicación. Viví el PRD. Serví al Gobierno de Jorge Banco (1982-1986) cuando había abandonado la militancia política partidaria; para ser preciso, cuando Bosch negara la presencia de Caamaño en Caracoles, dándolo por muerto, y Peña Gómez, comprometido solo con la verdad histórica, lo desmentía.

El Dr Balaguer, hábil político, jugaba a hacer carambola con los dos grandes líderes enfrascados y el héroe de Abril, en el centro de su desventura.

Esa trágica situación provocó que tomara una iniciativa: comunicarle al Profesor mi disposición de viajar con mi compadre Rodríguez Conde a Santiago para conformar una comisión que mediara en el conflicto coyuntural de quienes fueran uña y carne, integrada por Salvador Jorge Blanco, Antonio Guzmán, Aníbal Campagna y otros dirigentes, recibiendo del emisario la grave admonición de no meterme en eso so pena de perder su amistad y cariño. Preferí, naturalmente, conservar su inapreciable amistad, recordando la fragilidad del sentir político: “A José Francisco Peña Gómez, y en él a la juventud del pueblo, semilla de esperanza en la tierra dominicana.” (Crisis de la Democracia de América y en la Republica Dominicana, 1964) y las líneas con que honrara mi devoción por su integridad moral y patriótica”: “A mi querido compañero Luis Scheker hijo, no solo con cariño familiar, sino además con respeto por su responsable juventud. “ (Cuba, la Isla Fascinante, Noviembre 20,1966.)

Tomada la decisión de mantenerme alejado o formar parte del nuevo partido, decidí no militar en uno ni en otro. Pero los sentimientos perduran y duelen. El PRD es hoy una leyenda que se pierde en siete meses malogrados de democracia acrisolada. Una estrella que apenas transmite su luz de antaño. Sobrevive y nada más. Dos sepultureros pugnan por presidir su cortejo fúnebre. No asoma en su dirigencia el verdor de la primavera. Nadie con el carisma y arrastre que en su oportunidad tuvo Bosch o Majluta al pretender formar otro partido con la mística del Partido Blanco. Bosch lo entendió tardíamente. 17 años después de fundar su Partido, “continuador de la obra de Duarte”, se desengaña y desentraña, con su renuncia, la esencia oportunista de esa camada que pretende gobernar 20 años más, porfiado en la estructura del poder corrompido y en la ineptitud de una oposición fraccionada incapaz de aglutinar la voluntad política de la nación.

 


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