El PRM tiene que renovarse con el liderazgo joven

MARIEN ARISTY CAPITÁN

El proceso es interno. A pesar de ello, sin embargo, todo se ventila poco a poco en los medios -así como en las redes- dejando poco espacio a la imaginación. La polémica ha sido servida y, en medio del revuelo, muchos nos preguntamos qué tanto está dispuesto a perder el Partido Revolucionario Moderno (PRM) en la convención del 18 de febrero.
Los dimes y diretes que han surgido hasta ahora, así como los frentes que buscan frenar a un nuevo liderazgo, nos obligan a recordar todos los procesos que vivieron los perremeístas de hoy cuando estuvieron en el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), una organización de la que se marcharon en el 2014 a causa de los enfrentamientos con el presidente del partido, Miguel Vargas Maldonado.
Los enfrentamientos con Vargas Maldonado siempre se redujeron a las apetencias políticas: todos (Vargas, Hipólito Mejía y Luis Abinader) querían ser candidatos e imponer sus criterios. La división fue inevitable y, lo más probable, fue lo más saludable que pudo suceder.
La división, a pesar del tiempo que ha pasado desde que se marcharon del PRD, es un fantasma que continúa latente. Esta vez no se trata de la candidatura presidencial, que podría enfrentar a Hipólito y a Abinader en el futuro, sino de alcanzar los órganos de dirección del partido: la vieja dirigencia se opone al relevo generacional, que buena falta hace en el país, a pesar de que algunos deberían retirarse para dirimir con tranquilidad sus cuentas con la justicia.
El PRM, como el resto de los partidos, debe apostar a renovarse: ¡la ciudadanía está cansada de ver a la misma gente haciendo las mismas cosas de toda la vida! ¡En el PRM hay jóvenes de gran valía que deben tener más oportunidades! Los que están en el Congreso son la mejor muestra de pueden hacerlo muy bien.