El reclamo de justicia plena

El primer gran expediente sobre corrupción que toca el ámbito político llega a lo contencioso con lotes de documentos que el Ministerio Público describe como pruebas contundentes sobre los hechos investigados. En contraste con la convicción del Ministerio Público, surgen voces que muestran insatisfacción y reclaman un alcance mayor de cargos hasta personas de más jerarquía a partir de razonamientos que llevan a suponer suspicaces exclusiones, en comparación con lo que ha ocurrido en otros países estrechamente relacionados con República Dominicana en este escándalo mayúsculo. La encendida contraposición que ha acompañado la acción formal debe recibirse como reto para el aparato judicial que en rol de lo público y contradictorio deberá profundizar en las incriminaciones a los encartados de esta etapa sin dejar de arrojar luz sobre los fundamentos del acusador para reducir la magnitud del caso.

Ningún componente informal de la sociedad aspiraría a imponer criterios, pero existe la obligación moral y ética de convencer a la ciudadanía de que esta vez ha de funcionar un régimen de consecuencias; que ninguno de los ya sometidos escapará, en consideración a su estatus, a sanciones por sus actos y nadie seguiría fuera del proceso por complacencia sino como resultado de un examen a conciencia de lo ocurrido, con apego a los procedimientos para hurgar más allá en busca de la verdad.

Un laberinto de cosas robadas

Detrás de la sustracción de algunas partes desprendibles y costosas de autos, como retrovisores, neumáticos de repuestos, ribetes etcétera, aparecerían si se buscara con la intención de ponerles fin, unas asociaciones delictivas entre rateros (descuideros) y comerciantes inescrupulosos que luego, exhibiéndolos o no, proveen de los preciados objetos al mejor postor en zonas de la ciudad reconocidas por el origen espurio de sus mercancías. Un tráfico que revierte al uso ordinario artículos dados por desaparecidos; una forma convencionalmente aceptada incluso por tal o cual víctima de robo que sabe que allí encontraría reemplazo para lo que acaban de hurtarle a menor precios que una pieza nueva; y con suerte quizás se tocaría con lo mismísimo que le robaron… pero como de noche todos los gatos son prietos, preferiría pagar que reclamar.