El reto de la agropecuaria en 2050

La existencia de la labor agrícola es tan antigua como la presencia del propio hombre sobre la tierra y desde entonces está supeditada a variables exógenas que la llevan a necesitar de la planificación y el conocimiento de especialistas.
Actualmente la capacidad de suplir la cantidad y la calidad de alimentos que la población mundial demanda, se ha visto menguada por el incremento de los países en desarrollo. De ahí el menester de la presencia del ingeniero agrónomo en el futuro.
La cruda realidad del cambio climático, la degradación de los recursos naturales, particularmente el suelo y el agua, están afectando el agro, lo que acentúa la necesidad del profesional agrícola.
El reto de producir 5 mil millones de toneladas de alimentos para el año 2050 con menos agua, suelo y la biodiversidad lastimada, obliga a impulsar la transformación de la metodología de la producción que mitiguen las afectaciones del cambio climático.
El desafío consistirá, no solo en incrementar el volumen de alimentos, sino simultáneamente nutrir de manera sana a todos los habitantes del planeta, que de acuerdo a la FAO para el 2050 será de 9,100 illones de seres humanos, por lo que urge aumentar los rubros alimenticios en un 70%.
Esto solo se logra con la mancomunidad de productores y especialistas. Sin embargo, el problema radica en que no hay agrónomos suficientes, con el agravante de que cada vez menos jóvenes se muestran interesados en estudiar agronomía o carreras relacionadas a la agricultura.
La solución a esta problemática está en manos de los sectores públicos y privados, conjuntamente con las universidades, que deben crear la mesa de adecuación del pensum de las carreras agropecuarias, al tiempo de incentivar el empleo, implementando beneficios concretos que hagan renacer las motivaciones entre la juventud rural para cursar estas importantes profesiones.
Solo de esta forma, se podría paliar o retener el éxodo en el campo, ya que para el 2050 se calcula que las áreas urbanas pasarán a representar el 70% de la población mundial (hoy es el 49%).
Esta cruda y contundente realidad conllevará, por un asunto de supervivencia, a una reorientación de la política pública hacia el campo y más temprano que tarde, las profesiones agropecuarias abandonarán el rol de cenicientas.
Como la creciente demanda de vegetales es cada vez mayor, en contraposición a la reducción del espacio rural por el crecimiento de las áreas urbanas, se está dando una interesante situación: En importantes urbes de países desarrollados, se han implementado sistemas de producción en los techos, tales como invernaderos de los edificios de Montreal, la producción de hortalizas en Dubay con luz LED, entre otros.
La panorámica de estas realidades obligará que el nuevo currículo de los futuros agrónomos se perfile necesariamente sobre las habilidades y conocimientos de las nuevas tecnologías de punta, así como el riego, el clima, la ecología, el impacto ambiental, agricultura protegida, administración, comercialización, manejo postcosecha y obviamente que un pleno conocimiento de la botánica y la fisiología de las plantas.