El semanario Ecos del Valle de Baní en los años 50

001

No existe un banilejo que viviera en los años de la década de 1950 y en las anteriores que no disfrutara de las lecturas de las páginas del semanario Ecos del Valle. Este circulaba semanalmente en la población y era esperado cada sábado para conocer las noticias locales, leer las poesías o artículos de los jóvenes intelectuales. También se conocían las actividades deportivas y las sociales del municipio.
Ecos del Valle había sido fundado el 10 de agosto de 1916 por Joaquín Inchaústegui -Don Quin. Al principio se editaba en talleres de la capital pero al poco tiempo ya tenía su imprenta propia hasta 1924 que don Quin se marchó a la capital y traspasó sus derechos a Francisco X. Billini Brea. Este suspendió su publicación.
No fue hasta 1934 que don Fabio F. Herrera Echavarría tomó el control de Ecos del Valle para reiniciar su publicación sin interrupciones con sus descendientes, hasta mediados de los 70. En marzo de 1940 murió don Fabio y sus hijos Fabio, César, Rafael y Luis María se fueron haciendo cargo en orden sucesivo del periódico hasta que los mayores se marchaban de Baní a trabajar a otros lugares. Solo quedaron Fabio y Luis María en los años 40 y en los 50, pero Luis María murió en 1947. Para finales de la década del 50 y de la siguiente otros hermanos Herrera, Fernando y Ramón Antonio se hicieron cargo del semanario. Francisco, el librero y José Melchor mostraron entusiasmo por el periódico, ni Ana María e Isabel.
Ecos del Valle fue una fragua para moldear las capacidades intelectuales de muchos banilejos jóvenes que con sus colaboraciones incursionaban en las letras. Los talleres del periódico eran muy útiles para conocer lo básico de la composición tipográfica de aquellos años. Hasta saber preparar los rolos que utilizaban las rotativas que requería de superficies muy lisas y homogéneas sin agujeros para evitar que la impresión saliera con partes en blanco o muy oscuras.
Tengo lazos muy estrechos con el desenvolvimiento de Ecos del Valle. Mi niñez gira en torno a ese semanario y su gravitación en la vida banileja. Mi casa estaba al lado de la imprenta y desde que supe caminar me salía por la puerta del comedor de mi casa y cruzaba a la imprenta, donde afanaban Vinicio Pimentel, Quírico Valdez, Pascualito de los Santos y otros que llegaban y se iban ya fuera preparando el periódico o imprimiendo facturas para los comercios, invitaciones, etc. Vinicio Pimentel fue un gran pelotero de la selección banileja de amateurs y se desempeñaba en la receptoría con maestría. Aparte de la rotativa para el periódico existía otra pequeña impresora para todos esos trabajos misceláneos que ya la gente les interesaban para organizar sus actividades. Hasta se imprimían esquelas mortuorias de recién fallecidos que se repartían por el pueblo con los detalles del sepelio.
Crecí viendo ese constante afanar de los operarios. Tan pronto supe leer y escribir ya dejé de ir a molestar cuando me sacaban a la fuerza y me llevaban a mi casa. Entonces me convertí en un nuevo aprendiz de composición que Vinicio y Quirico me iban enseñando cuando tenía diez años. Me inicié componiendo las noticias sociales de cumpleaños y bautizos para más adelante trabajar con las deportivas. Otro amigo de infancia y de igual edad a la mía, Sergio Germán, incursionaba en la sala de redacción y los dos aprendimos esos menesteres de la tipografía de esa época. Sergio fue un fiel colaborador del semanario durante la década de 1960 hasta su cierre junto a otro de mis tíos Ramón alias Pununo, a principios de 1970.
En Ecos del Valle inicié mis primeros pasos de escribir artículos de opinión. Uno de mis tíos, Fernando, se preocupaba por el sesgo de lo que yo escribía aguijoneados por mis lecturas de José Ingenieros, Rodó, Ortega y Gasset, Pablo Neruda, Rubén Darío, Faustino Sarmiento y otros. Podrían interpretarse como una crítica a la dictadura que nos mantenía prisioneros en 1956. Me acuerdo que papá los viernes en la tarde escribía de pie en el mostrador de su tienda en la esquina Presidente Trujillo con José Trujillo Valdez sus análisis de los acontecimientos locales e internacionales en su columna de A Vuela Pluma.
Sin dudas la década de 1950 resultó inolvidable para las generaciones que gravitaban en el pueblo banilejo. Pese a las limitaciones en las actividades, por la condición política imperante, pudimos desenvolvernos en lo que nos gustaba y no rozaba con la dictadura. En Ecos del Valle pudimos encontrar un nicho para seguir la herencia de nuestros familiares. Desde esos momentos, a mediados de la década de 1950, fui atrapado para siempre por la pasión de escribir.


COMENTARIOS