El sentido de vida en los jóvenes

José Miguel Gómez
José Miguel Gómez

Para vivir hay que pertenecer. Existir implica construir propósitos. Para prolongar la vida hay alcanzar un sentido de vida, de utilidad y de trascendencia. El sentimiento de pertenecer, o de ser acogido, valorado y aceptado en un grupo social, es vital para los jóvenes. A las generaciones anteriores les tocó un mundo más pobre, de mayores limitaciones, sin confort, sin redes sociales, sin comunicaciones globales, sin dinero plástico y sin las autogratificaciones de vida posmoderna.
Pero a esas generaciones de jóvenes, para bien, les tocó un mundo con ideología, con paradigma, con utopía y sueños de vivir la existencia comprometida. Cada joven en su comunidad, en su escuela, dentro de su grupo social, asumía y defendía los cambios; se demandaba la solidaridad, el altruismo, el compromiso y la defensa de una libertad compartida, del sentido gregario y de la identidad asumida.
Literalmente cada generación es la expresión de los resultados históricos, políticos, económicos y sociales de una época determinada. No se trata de una peor ni mejor; son consecuencias, causas y vivencias que proporcionan oportunidades diferentes. Pero la economía, la industria, el mercado, la tecnología etc. han cambiado, para influenciar en el sistema de creencia de los jóvenes, en sus emociones, en su forma de relacionarse y en su forma de existir.
A los jóvenes les clasificaron desde la generación Y, luego la generación X, la Pepsi, generación Light, la Cibernauta, la generación sin límites, etc. Pero algo ha pasado entre un salto y otro; cada aprendizaje termina en el envase de un contenido que congruista la felicidad, que valida el ego, el egocentrismo, el individualismo, y la auto gratificación inmediata sin resaca moral. Ese vivir en la desmoralización sin esperanza o en la desesperanza aprendida, sin llegar a comprender quién influye o dirige a los jóvenes para que pertenezcan a una marca, a un objetivo, a un estatus, a una referencia globalizada que en cualquier lugar del mundo se comporten como distraídos, entretenidos, diferentes, y poco empoderado con su propia realidad socio económica, política y psico social.
Desde Inglaterra con el Brexit a la inequidad de Latinoamérica, los jóvenes están viviendo condiciones de vulnerabilidad, de riesgo en su salud mental: depresión, suicidio, drogadicción, desempleos, crisis de identidad, inadaptación psicosocial, despersonalización, confusión, ansiedad, deambulación sin propósito, desesperanza aprendida, violencia social, entre otras.
Ese desapego y el pobre sentido de pertenencia de la familia, de la escuela, de la sociedad, de los grupos, de la ideología, de los constructos sociales, les ha puesto en evidencia de que algo pasa en su sentido de pertenencia. Los resultados y las consecuencias de esa falta de sentido de pertenencia quedan expresados en diferentes direcciones: unos desean emigrar para buscar mejores soluciones de vida, otros se esfuerzan en aportar al conocimiento como parte de acceder al nuevo estatus o a la movilidad social; para muchos, las oportunidades están en las escuelas tecnológicas, en la microempresa, el mercado informal, en el inmediatismo de una sociedad desigual que atrapa a cientos de jóvenes y los deja en riesgos de la salud mental colectiva. Pero el impacto y el coste que esto representa, cientos de miles de adolescentes y jóvenes de Latinoamérica aumentarán la tasa de suicidios, de abuso de drogas, violencias sociales y la inadaptación social.
Diría que van ser víctimas de sociedades que no construyen para ellos y ellas, que no invierten en su salud, su educación, su desarrollo, sus habilidades y potencialidades para vivir y existir con la conciencia de que son parte de una sociedad inclusiva, afectiva, humanizada, y esperanzadora en construir oportunidades.
Entonces, ¿de dónde van a construir los jóvenes el sentido de pertenencia, su identidad psicosocial, su voluntad y fortaleza emocional para responder ante la adversidad, las crisis, las desigualdades y la incomprensión generalizada? El sentido de pertenencia, de vida, de razón de existir, cada joven debe fortalecerlo, hacerlo propio, defenderlo para empoderase en su conciencia, en su voluntad y en sus propias fuerzas existenciales. Para vivir con el ser y el bienestar de la conquista de la felicidad, de servir y existir para ser resonante en la vida de los demás jóvenes y de ellos mismos.


COMENTARIOS