El temor a los riesgos. La experiencia de una oportunidad perdida

08_09_2018 08-09-2018 AREITO Areíto2

En ajedrez como en la vida, no existe nada peor que perder una oportunidad. La historia nuestra como país es la de una larga estela de oportunidades perdidas. Nos sucede siempre. En estos días he escuchado insistentemente en diversos círculos a personas muy bien intencionadas lamentándose, tal vez extemporáneamente, de la posibilidad que estemos muy cerca de otra experiencia similar.
Pensar en ello pone los pelos de punta, por cuanto es difícil calcular cuál podría ser el efecto de otra oportunidad perdida. Escuchando estas letanías, recordé las circunstancias en que dejé pasar una tremenda oportunidad siendo muy joven. En mi vida han sido con toda seguridad muchas las oportunidades que he dejado escapar y que han pasado por mi puerta sin que me percatara. Pero aquella vivió por muchos años en mi memoria, martillándome con insistencia. No fue aquella la clase de oportunidad que puede cambiar el curso de una vida. Sin embargo, era la clásica oportunidad de mostrarse a uno mismo, de medir la capacidad que uno posee para enfrentar los retos y alcanzar las metas que en determinado momento uno mismo se traza.
Fue en ocasión de las XVI Olimpiadas Mundiales de Ajedrez, celebradas en Tel Aviv, Israel, en el ya lejano noviembre de 1964. Era nuestra primera experiencia como país ante un evento de este tipo y nos estaba yendo muy mal como equipo. Nuestras primeras confrontaciones iniciales con Bulgaria y Perú, con un nivel de juego muy superior al nuestro, habían sido decepcionantes. Necesitábamos el aire puro de algunas victorias resonantes. El compromiso con Grecia nos puso en camino de hallar esa oportunidad. Lo peor fue que la tuve personalmente entre mis manos y se me escapó como el agua entre los dedos. Analizando aquella partida contra el griego Hadziotis me convenzo cada vez más de que muchos de nuestros problemas como nación tienen que ver con el temor a llevar las decisiones hasta sus últimas consecuencias. Sucedió con la Ley de Capitalización y Reforma de la Empresa Pública, a la que hoy hemos dado marcha atrás y podría suceder con el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Así ha ocurrido con infinidad de oportunidades de transformar el país, en las que nos ha faltado el coraje para continuar. “Si nadie acude a tu llamado, camina solo, camina solo”, nos recuerdan unos versos de Tagore, a los que nunca hemos prestado la atención debida.

En la posición que muestra el diagrama de mi partida con Hadziotis me enfrenté a la oportunidad de asumir un fuerte riesgo. Yo conducía las blancas y la posición parecía estratégicamente favorable a las negras que esclavizaban la acción de mi dama a la defensa de la débil casilla g2 donde mantenían amenaza de mate. Era la típica clase de situación en la que se precisaba asumir la iniciativa con una jugada audaz, por arriesgada que fuese. Las negras podían mejorar aún más su posición iniciando un fuerte contraataque por medio de Ra8, o simplemente con Qe3, seguido por la toma del peón c3 con la dama. Entonces me decidí por el riesgo, sacrificando una torre:
30.Rbxb5!
El libro del torneo, editado por la Federación de Ajedrez de Israel, comenta esta jugada con un signo de admiración, señalando que era “la manera más elegante a la victoria”. Mi oponente se sobresaltó. Si hubiera jugado 30.Re1! podría también haber sido muy fuerte. Por ejemplo, 30…,Qxc2; 31.c6!, con amenaza mortal, ya que si las negras respondían con Qxf7jaque ( a 31…,Bxc6; 32.Rxc6) Otra posibilidad era 30…,Qg6;31.Rea1!,Ra8;32.Rxa8,Rxa8;33.Rxa8, Kxa8; 34.Qa1 jaque,Kb7; 35.Qa5,Qxc2; 36.Qc7jaque, Ka6; 37.Qc3jaque,Ka5; 38.Bb4jaque!, seguido por mate en dos movimientos. La partida continuó:
30….,cxb5; 31.Rxb5jaque,Kc8?
En la anotación de una partida el signo de admiración se concede a una jugada buena y el de interrogación a un error. El movimiento 31 de mi oponente fue una mala decisión, que debió permitirme coronar una hermosa combinación con la que hubiera dado una brillante y espectacular victoria al equipo. El griego tampoco disponía de muchas opciones, ya que si hubiera jugado 31…,Kc5?; con 32.Re5 jaque, su causa hubiera quedado perdida. Esa era, sin embargo, la posibilidad que había previsto al sacrificar la torre. Sin embargo, las negras disponían de una réplica mucho mejor con 31…,Ka6, con posibilidades de resistencia. Por ejemplo, 32. Rb4, Qxg2 jaque! (32….,Qe3 jaque; 33.Kh1,Bg2 jaque;43.Kxg2,Qe4 jaque; 35.Qf3, quedando el rey blanco mejor posicionado para un final) 33.Qxg2,Bxg2; 34.Kxg2, con mejor posición para las blancas, aunque el camino a la victoria no sería nada fácil. Entonces tras el error de mi adversario no alcancé a ver la oportunidad que yo mismo, momentos antes, me había forjado, y jugué para empatar en lugar de continuar asumiendo todos los riesgos en busca de la victoria. Mi jugada fue:
32.Rc5 jaque?
¡Qué lástima!, dice el libro oficial del torneo. Sacrificando la otra torre, pude haber obtenido una victoria impresionante, dando jaque al rey negro en a8 o en h7, a menos que Hadziotis hubiera entregado la dama o reina: 32.Rb8 jaque, Kd7;33.Rb7 jaque!!,Bxb7 (de otro modo el mate vendría en pocos movimientos) 34.Qxf7 jaque,Kc6; 35.Qxc4 jaque! (no habría más jaques después de 35.Qc7 jaque) 35…,Kd7 (si 35….,Kb6; 36.Bc7 jaque, Ka7; 37.Qc5 jaque,Ka8; 38.Qa5jaque, con mate en la próxima) 36.Qc7 jaque,Ke6;37.Qe7 jaque,Kf5 (la alternativa 37…,Kd5, permitía 38.Qxb7 jaque con captura de la reina) 38.Qf7 jaque!,Kg4; 39.Ph3 jaque, Kh4 (si Kg3 seguiría 40.Qf2 mate) 40.Qf2 jaque, Kh5;41.Pg4jaque, seguido de 41…,Kg6; 42.Qf6jaque, Kh7; 43.Qf7 mate.
Al igual que en ajedrez, en la vida hay que asumir los riesgos por grandes que parezcan. La tendencia en nuestra clase política a rehuirlos por temor a la pérdida de apoyo popular la ha quitado a este país innumerables oportunidades. ###