El traje saraguro se acopla a la modernidad

Toa Ortega, arquitecta de 36 años, orgullosa de vestir su atuendo

Saraguro (Ecuador). 
La elegancia ancestral se acopla a la modernidad en Ecuador, donde los indígenas saraguros portan orgullosos sus trajes típicos cargados de historia y, aunque han visto mutar el material con el que los confeccionan, subsisten sus elementos culturales desde la época prehispánica.
Orgullosa de vestir su atuendo, una falda negra larga y una blusa blanca salpicada de diseños bordados en el contorno del cuello y las mangas, Toa Ortega, una arquitecta de 36 años, cuenta que hay quienes creen que el saraguro “siempre le ha guardado luto al (indígena) Atahualpa” y por eso en la vestimenta predomina el negro.
No obstante, investigadores han descartado esa posibilidad porque creen que llevar negro por luto es una costumbre venida de Europa.
Y aunque hay otras muchas y muy variadas interpretaciones, no profundiza en acepciones, pero muestra contenta su tradicional sombrero blanco con manchas negras de lana de oveja, material con el que también se confecciona el anaco (falda) y la bayeta.
Un estudio de alumnas del Instituto Superior Tecnológico “Celina Vivar Espinosa”, de la provincia de Loja, señala que el negro simboliza la firmeza, la fuerza y la energía de los saraguros, y el blanco, la trascendencia y la pureza.
De la cintura para abajo, las mujeres lucen un atuendo negro, algunas con bordados en los filos, que antes solo representaban a una mujer y un hombre en trabajos diarios y el número ocho, pero ahora “ya con la modernidad hay una variedad infinita, incluso en el bordado de las mangas de la blusa”, cuenta la arquitecta.
“Nos hemos adaptado a la moda, las mujeres queremos andar más elegantes y hay mucha más variedad de telas e hilos. Se ha ido modernizando”, asegura Ortega a Efe al alegrarse de que cada vez ve a más jóvenes usando los trajes tradicionales.
Luciendo un largo anaco de algodón, Ortega se lamenta de que cada vez haya menos personas que hilen las telas por lo que fabricar uno de lana a mano puede tomar casi un año, lo que eleva su coste final.