El tremebundismo del presidente Trump

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Electo Presidente de los Estados Unidos de América un país que presume ser eminentemente democrático a pesar de sus múltiples extravíos que registra la historia del “Big Stick”, “La Doctrina Monroe” y sus adeptos como normativa de su política exterior, mientras, en lo interno, desde 1776 la Unión Federativa adoptó un modelo único para la elección del Presidente de la nación, que rompe con el esquema tradicional y privilegia un número de “grandes electores”, igual al de sus representantes del Congreso, “considerado el hombre moralmente débil y fácilmente corruptible por lo que no se le podía confiar la totalidad del poder.” Es decir, un sistema electoral anacrónico donde el voto popular del ciudadano común no cuenta, alejado del principio de igualdad de todos ante la ley y del respeto a la voluntad mayoritaria expresada libremente en las urnas.
Gracias a ese sistema discriminatorio, medularmente antidemocrático, el señor Donald Trump se alzó con la victoria y con el poder de hacer y deshacer lo que le venga en ganas. Bien pronto dio pruebas inequívocas de su tremebundismo político, desalentador, que atenta contra y la estabilidad de su propio país, el equilibrio entre las naciones y la paz mundial imponiendo su voluntad dictatorial, dando tumbos en un mundo altamente conflictivo, diversificado y erosionado, penosamente desigual y deshumanizante.
Solo en los primeros días de agosto, la prensa local reproduce en grandes titulares ilustradas con el rostro iracundo de Donald Trump graves noticias que repercuten en el plano internacional y que atemorizan hasta el propio Consejo Nacional de Seguridad que advierte y amonesta. Cito, periódico Hoy, (miércoles 9): “Conflicto entre EEUU y Corea de Norte sube de tono. Hay amenazas de furia y fuego. “Órdenes de deportación EEUU aumenta 27%” (Jueves 10): “Trump alardea poder nuclear; dice Norcorea se arriesga a la destrucción.” “Su poderío es más fuerte y más poderoso que nunca.” Y remata, con esta otra prepotencia, nada sorprendente: (sábado, 12) “Opción militar para Venezuela”, coronando su intromisión (y de Obama) en el conflicto interno venezolano, aliado al sector de derecha radical de esa hermana nación.
Bravuconadas o no, lo de Trump es para tomarse en serio. Repasando historia reciente, el desembarco del 28 de abril del 65, la invasión Bahía Cochinos, el golpe contra Allende, la enemistad con gobiernos revolucionarios o progresistas latinoamericanos, hoy su política racista y xenofóbica contra musulmanes de países árabes y del tercer mundo, el pretendido muro fronterizo con México, la intervención militar en Siria y pare de contar, Trump, al parecer, olvida que hay pueblos dispuestos a morirse defendiendo su patria; que el próspero negocio de la guerra y la carrera armamentista, no garantiza la paz mundial; que hay que evitar a toda costa el peligro de destrucción del planeta donde vivimos y queremos vivir en paz siendo esa la mayor responsabilidad de pueblos y gobernantes.


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