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El turismo en el norte de la isla

Recientemente las autoridades turísticas de las dos naciones de la isla han sostenido conversaciones para coordinar una alianza para el intercambio turístico entre Puerto Plata y Cabo Haitiano. Ambos lugares tienen los atractivos y la historia que estimula la imaginación para un excelente aprovechamiento económico.
Se trata de la porción de la isla de mayor riqueza por la calidad de sus tierras, los ríos y la zona boscosa que en Haití no está depredado como ocurre hacia el sur y centro de ese territorio. El Cibao y la costa norte de la isla, desde Cabrera hasta el cabo de San Nicolás, posee las mejores tierras y son asientos de las principales ciudades de grandes pujanzas desarrollistas.
La zona de Cabo Haitiano guarda amplia historia del valor de las generaciones de pobladores que supieron conquistar su libertad con mucha sangre derramada. Pero posee unos atractivos naturales de hermosas playas como la de Labadee. Allí existe un puerto similar al de Amber Covede Maimón en las cercanías de Puerto Plata.
En Labadee existen instalaciones hoteleras adecuados para su demanda y ofreciendo el atractivo de una arena blanca similares a dominicanas de la costa Este del país. Son las dos zonas de la isla donde existen modernos atracaderos para los buques cargados de turistas que acuden semanalmente para disfrutar de las tierras del rey Cristóbal y de Gregorio Luperón.
Incluso los habitantes de Cabo Haitiano y de Puerto La Paz tienen inquietudes en cuanto a su desarrollo que a veces va en contra del gobierno establecido en Puerto Príncipe. Ya en la primera década el siglo XIX, Henry Cristóbal estableció su reinado en Cabo Haitiano, separándose de Puerto Príncipe. Fundó su peculiar reino con extravagancias y locuras arquitectónicas que ahora son el mejor legado para el disfrute turístico del norte haitiano.
Llegó a construir su palacio, imitación de Versalles de París, Francia, con un despilfarro increíble para la época, el Sans Soucí. Por igual se empecinó en construir su fortaleza inaccesible de La Citadelle donde murieron decenas de obreros por las condiciones de trabajo y maltrato de las huestes de Cristóbal.
Hoy son herencias atractivas para que el turismo que llega en los cruceros visite los impresionantes atractivos de esa región norteña de la isla.
El eje turístico Puerto Plata-Cabo Haitiano encierra un amplio campo de posibilidades para complementarse. Desde Puerto Plata por la vía terrestre hasta la frontera existe una buena carretera y ahora en reconstrucción el tramo Maimón-Navarrete que empalma con el tramo de la carretera Duarte hasta Monte Cristi. Luego se continuaría hacia Dajabón para ingresar al vecino país por Juana Méndez y continuar hacia Cabo Haitiano.
Es una ruta larga y agobiante para los turistas que vienen por pocos días a la isla. Sería para el turista una estadía de dos noches mínimas en uno de los dos lados de la frontera. La solución será implementar un tráfico aéreo entre el aeropuerto de Cabo Haitiano y el de La Unión en Puerto Plata que en pocos minutos se estaría en una de las dos poblaciones y el turista tendría un día completo para visitar y disfrutar de los lugares de interés de ambos lugares.
Por la vía aérea se facilitaría el asunto del ingreso de los turistas a ambas ciudades obviando la condición de vuelo internacional. Sería un vuelo charter doméstico con poco papeleo migratorio y de pocos minutos de duración. Alguna empresa aérea dominicana podría estudiar lo factible de ese vuelo en la isla. Será necesario que las autoridades de ambos países dejen de lado su empeño en sus afanes en esquilmar al turista para cobrarle impuestos y que este pueda sentirse a gusto concurriendo a los atractivos lugares de interés o disfrutar de un buen baño ya sea en Labadee o en Playa Dorada.
Es un intento serio y empeñativo para al menos abrir una puerta de entendimiento entre ambas naciones. Ya una vez, alrededor de 1993 cuando los golpes de Estado se sucedían con rapidez en Haití, un grupo de empresarios de Cabo Haitiano sondearon a las autoridades de la cancillería dominicana si el gobierno dominicano aceptaría que esa región de Haití se separara y pasara a formar parte de Dominicana. Naturalmente eso fue descartado de inmediato y atribuido a un gesto de desamparo del grupo empresarial de Cabo Haitiano conscientes de las debilidades institucionales de su país.