Elecciones libres y democráticas

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Confieso que soy un ciudadano como debe ser, no ajeno a la política, creyente de la democracia como sistema de gobierno con sus imperfecciones, muy propio de países no desarrollados con alto índice de pobreza, marginalidad y corrupción generalizada. Soy por demás, en consecuencia, poco creyente de elecciones libres y democráticas y sus resultados donde la Constitución parodiando a Ferdinand Lassalle es “un pedazo de papel” que responde a los intereses de sectores poderosos, los que más tienen, controlan y dominan la vida nacional siendo una selecta minoría naturalmente uncida a los dirigentes del partido gobernante viniendo a ser la otra cara de la misma moneda.
En aquellos países como el nuestro, con enorme potencial de riqueza no solo económica, empobrecidos por malos gobiernos y explotadores de toda laya , casi todas las instituciones de del Estado, de “carácter democrático”, se encuentran prácticamente secuestradas bajo la tutela de un líder político que ha sabido ingeniársela para alcanzar el poder y una vez allí usar los recursos del Estado para mantenerse por todos los medios a su alcance por “Secula seculorum”, amparado en un régimen dictatorial, mesiánico o providencial de esencia presidencialista donde la palabra del Señor Presidente es palabra de Dios, preocupado por el bienestar de la nación, a quien se le atribuyen todas las obras inminentes que debe realizar todo gobernante, mientras se ignoran o desconocen otros imperativos básicos para el desarrollo y progreso de la nación.
No se necesita haber vivido, (si aquello fuera vida) sumergido en una dictadura tan férrea, cruel, como la de Trujillo (fantasma que pretende revivir su descendiente de pura sangre) ni el oprobioso régimen de los 12 años del Dr. Balaguer, declarado “Padre de la Democracia” por sus adversarios, y levantado su brazo junto al que fuera su antípodas, visiblemente arrastrado por sus nuevos discípulos.
Los dominicanos de hoy no hay duda gozamos de mayores libertades: no hay persecución ni represión política, deportaciones ni crimen de Estado, aun cuando alarmantemente crece, sin viso de ser controlada, la violencia, la inseguridad ciudadana, los intercambios de disparos, muertes y asaltos por bandas y mafias organizadas, la delincuencia y la corrupción de cuello blanco, generalizada, impune, mientras subsiste la peor iniquidad, marginación, pobreza y desamparo de las grandes mayorías en un país que ha debido superarla con el increíble crecimiento global, económico, sostenible, envidiable.
Queda demostrado que no se precisa ser un dictador a ultranza, ni usar métodos trogloditas, para alcanzar un fin determinado, tapar hoyos y ganar adeptos, controlar y disfrutar desde el poder todas sus ventajas. Medios más sutiles resultan igualmente efectivos: el clientelismo, el patrimonialismo, la prensa y ahora la mentada “primarias abiertas”, que vulnera y desnaturaliza la esencia del sistema democrático de partidos, agudizado por la carencia de una oposición creativa, coherente, debidamente estructurada, con líderes no mesiánicos, orientada por una filosofía ética “que llegue al corazón de la gente”, consciente del rol histórico que le corresponde donde sea realidad la verdadera democracia, la justicia social, los derechos humanos y colectivos del medio ambiente y recursos naturales. Nuestra soberanía, como manda la Constitución.


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