Emilio Cordero. Entre la vida y la historia

Se nos fue entre sueños otoñales, mi amigo el Dr. Emilio Cordero, historiador.
Una persona que siempre se distinguió por su eterna esperanza en la lucha por la justicia y la libertad en su actividad personal y profesional.
Su bondad, su generosidad de clase y su constante posicionamiento crítico, entre la teoría y la praxis, nos enseñó a todos los que le rodeábamos, a vivir con el necesario desasosiego intelectual y a pensar la Historia como arma y como ciencia.
A veces entre risas. A veces entre el dolor de la ingratitud y la ramplonería de algunos llamados intelectuales, poco rigurosos, y de cierta parte de la Academia Dominicana.
Siempre a la busca de la Utopía Revolucionaria, recuerdo nuestras charlas desde la calle Mercedes a la Esquizofrenia y por sus íntimos lugares de Gazcue.
Charlas, siempre rebosantes de activismo y diálogo enriquecedor. Él, dominicano de nacimiento y profesión, nos enseñó a los profesores extranjeros a conocer y amar ese extraordinario país y sus gentes.
Y es que, desde muy joven, amó y combatió por su país. En el interior. En el exilio. Siempre con su mirada limpia con su frente serena.
Y siempre combatiendo el pensamiento histórico reaccionario de esa parte del país que colaboró o miró hacia otro lado ante las influencias fascistas. Antes, al contrario, mantuvo una actitud intelectual y militante en su vida personal y profesional en el conjunto de su obra histórica.
Supo rechazar la hipócrita versión histórica del Caribe, desde su propia nación hasta Cuba y Puerto Rico,denunciando en foros y libros el imperialismo europeo o estadounidense. Y con su magnífico sentido del humor y su fina ironía nos enseñó a pensar críticamente sobre el pasado y presente del Caribe.
Tuve la oportunidad de publicar algún trabajo suyo en España, sobre este tema,muy elogiado y valorado. Y todos aprendimos del Maestro. A tener la mente en la vanguardia de lo imposible posible y en la esperanza de la historia como pensamiento y no en lo factual o loa de los poderosos.
Y lo más importante, a reconocer el amor, entre la envidia y la deslealtad. Este gran luchador, acaba de escribir sus últimas páginas.
Unas páginas para afirmar categóricamente el compromiso del intelectual. Entre sinfonías incompletas, libros sin terminar, se eleva su figura solidaria y latente.
Derribando murallas de mediocridad y conformismo.
Mientras los demás huimos hacia adelante para olvidar el sufrimiento de nuestra alma rota y decepcionada, el nunca rehusó, admirablemente, hasta el final, el combate de clase.
Arropado en su brillante saber nunca cejo en ese durísimo combate entre lo real y lo maravillosamente imaginario.
Acero y corazón. Proa y popa. Brisa y huracán. Luces y sombras.
Nunca mejor los versos de Miguel Hernández:
“Que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero”.

* Profesor de la Universidad de Sevilla (jubilado).