En confrontación con el vecindario

República Dominicana y la mancomunidad de islas Bahamas han estado en pleito por el mar que los separa y su riqueza pesquera; los súbditos con autonomía de la Corona Británica arrestan y multan sistemáticamente a pescadores dominicanos que se aventuran a zonas de abundancia sobre las que existe una confusión de derechos y de libre explotación en aguas internacionales. El último incidente ha sido mayúsculo: 128 dominicanos apresados tras confrontación con saldo de heridos entre embarcaciones de aquí y patrulleras bahamesas. No existe en esta parte de las Antillas un consenso sobre límites jurisdiccionales. Para reputarse dueño de espacios se necesita que el vecino esté dispuesto a acogerse a tal pretensión mediante tratados bilaterales.
Santo Domingo y Nassau, las capitales envueltas en incompatibilidad sobre el aprovechamiento de especies marinas, muestran una desconexión en ejercicios diplomáticos tras años en los que los dominicanos atribuyeron arbitrariedad a las autoridades de ese archipiélago que a su vez tratan a pescadores del litoral puertoplateño como intrusos. República Dominicana ha estado en una ofensiva para relacionarse formalmente con naciones muy lejanas y de escaso potencial para una beneficiosa interactividad mientras se abstiene de poner énfasis y fomentar nexos directos que permitan la convivencia productiva y de buena voluntad en su vecindario.

Agresión a las buenas formas

El espectáculo difundido por redes de internet y crónicas impresas de una confrontación a insultos entre dos diputados echa leña al fuego de las críticas que se formulan al Poder Legislativo señalado estadísticamente entre los más caros para los contribuyentes en el mundo. Es esta una nación de excesiva representación congresual, pero con déficit en la actualización de leyes viejas y de vacío de nuevos instrumentos jurídicos para regular a la sociedad.
Las actuaciones verbalmente violentas, contrarias a la solemnidad a que obligan las altas responsabilidades y violadoras de las reglas parlamentarias, deben ser sancionadas ejemplarmente. en desagravio además a los congresistas de comportamiento correcto sobre los que no debería generalizarse el efecto negativo adicional así causado a la imagen de la Cámara de Diputados.