En defensa de las mujeres

El pesar inextinguible que sobrevino a esta nación por una de las acciones criminales más execrables del dictador Rafael Trujillo y que segó las vidas de las tres hermanas Mirabal y de su aliado Rufino de la Cruz, se ha traducido en homenaje perenne y universal a su sacrificio y en bandera de lucha contra la cultura de violencia machista. El mundo evoca mañana el trágico final de Patria, Minerva y María Teresa lo que equivale también a repudiar al tirano que más simboliza la barbarie contra los dominicanos. Pasado ya mucho tiempo desde el infausto 25 de noviembre de 1960, los dominicanos deben reafirmarse en una causa común de respeto a la integridad física y moral de las mujeres, por ser tan alarmante en esta tierra de las mártires de Ojo de Agua la incidencia de los crímenes de género.

El inhumano sentido de posesión que lleva al hombre a cometer feminicidios debe ser combatido con severas acciones penales a los autores y efectivas reacciones de prevención y medidas de amparo a potenciales víctimas. Multiplicar los refugios especializados y el control electrónico sobre los abusadores. Con amplia difusión de mensajes para inducir cambios de actitud en los machos que tratan a la mujer como propiedad y objeto carente de derechos. El curso de esta epidemia fatal debe ser contrarrestado con una enérgica reprobación colectiva que haga sentir un estado de opinión contra esos hechos.

Debilidades de las autoridades

Las alteraciones al orden y la paz que suscita en vecindarios de todas las clases sociales la instalación de negocios de diversión o fábricas inadecuadas son difíciles de erradicar. No importa que el sector se llame Piantini, ahora sometido a una construcción ilegal, o Los Ríos, afectado por una fábrica de quesos. Las autoridades de salud y de otras índoles que toman carta tienden a quedar neutralizadas por poderosos padrinazgos si se proponen aplicar normativas urbanas. Se ha dicho siempre que en este país las leyes valen poco si quienes tienen que hacerlas cumplir carecen de voluntad y sentido de obligación para con la sociedad. No más funcionarios que claudiquen ante la incorrecta influencia de quienes se asumen como protectores de gente que repentinamente desnaturaliza con actividades el clima de sosiego que merecen familias.