En el bosque de la China

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El sorpresivo anuncio por parte del gobierno dominicano del establecimiento de relaciones diplomáticas y comerciales con la República Popular China sorprendió a una parte de la población general dominicana. Ello se debió a la discreción y meticulosidad con que las negociaciones se llevaron a cabo. Sin embargo, para aquellos que llevan anotaciones hemos de recordarles que semanas antes de la declaración oficial, para ser más específico, el 11 de abril del 2018, en la primera plana de este mismo diario, se destacaba la inauguración de una Industria de perfiles de aluminio de China Popular. En dicho evento hizo acto de presencia nuestro jefe de Estado, licenciado Danilo Medina, y la representante de la Oficina de Desarrollo Comercial de China, Fu Xinrong. De ello se deriva que en verdad no debió causar sorpresa alguna.
Durante la gran época de popularidad del Combo Show de Johnny Ventura, en el pasado siglo, recordamos aquella melodía infantil que Ventura cantaba: En el bosque de la China,/ la chinita se perdió,/ como yo andaba perdido,/ nos encontramos los dos. /Junto a la china/ junto a la china/ me senté yo. / Y yo que sí,/ y ella que no,/ y yo que sí,/ y ella que no./ Y al cabo fuimos,/ y al cabo fuimos, / y al cabo fuimos de una opinión”.
Se trata de un paso trascendental en donde el gobierno se anota un punto que nadie en su sano juicio se lo puede arrebatar. En un mundo cada vez más globalizado, nuestro carácter y naturaleza isleña obligan a que nos abramos al intercambio de bienes y servicios. Nadie hoy día es autosuficiente, ello crea una interdependencia competitiva. Atarse a un solo árbol sería fatal, razón por la cual hay que aplaudir este gesto de valentía, coraje y osadía para explorar y emprender nuevas rutas hacia el desarrollo del país. La pobreza tiene muchas raíces y una de las principales es la alta tasa de desempleo, educación deficiente, enormes trabas burocráticas a la inversión y un etcétera y etcétera de obstáculos al progreso.
Sabemos de que aún persisten graves males que en la década de los noventa del siglo XX denunciábamos con vehemencia como oposición, verbigracia el flagelo de la corrupción. Nos comprometíamos a combatirla y acabarla una vez tuviéramos en las manos las riendas del poder. Llegó el 1996 y pasaron cuatro años sin resultados notorios. Del 2004 a la fecha hemos gobernado continuamente por cerca de 14 años y el cáncer del uso indebido de los recursos del Estado, más que disminuir se ha sobredimensionado.
La inseguridad ciudadana es una epidemia social en auge sin que todavía hayamos encontrado una terapia eficaz, eficiente y oportuna. La salud del pueblo sigue pendiente de una solución satisfactoria en el corto plazo, ojalá que para cuando aparezca el sombrero todavía tengamos cabeza.
Pero por encima de tantas vicisitudes, debemos mantener encendido el faro de luz que nos legara Juan Pablo Duarte para que alumbre los corazones de todos los dominicanos. La apertura de relaciones con la potencia asiática es un paso hacia el porvenir que debemos todos reconocer y apoyar sin distinción de bandería política, como parte de una estrategia nacional de desarrollo.
En el bosque de la China,/ la chinita se perdió,/ como yo andaba perdido,/ nos encontramos los dos.