En el Mes de la Mujer … reflexiones sueltas

A1

Soy una mujer
que en ocasiones se pierde
en preguntas sin respuestas
aceptando su propia realidad y se resiste a la
desesperación de la incomprensión del mundo.

Sólo soy así, una mujer,
cuya pasión incontrolada me lleva
a lugares invisibles para las mentes comunes,
que segura de su alma
se lanza al vacío de una vida,
que le atrapa con la intensidad
de sus contadas horas.
Sólo soy así,
una mujer creadora de sueños,
pues imagino mundos diferentes,
en lo que soy, y en lo que no soy.
Sé que soy una mujer imperfecta,
cuya fe es su fuerza
para entender el mundo ausente,
aquélla que conociéndose a sí misma,
en los momentos de infortunio
comprende su esencia.
Sólo soy así,
una mujer que ama con entrega,
con fuerza incontrolable,
sin la reserva de la duda,
y con el alma desnuda,
aquélla que siente la magia de los deseos,
la que se alimenta del sueño de Dios,
que haya inspiración en todo momento,
y que cuando siente dolor,
indiferente se encierra en su caparazón.
Soy así,
una mujer que cae,
que se levanta con coraje,
que no teme al mundo,
que desconoce, que ansía, que sufre,
que se apasiona, que se avergüenza,
que reconoce, que huye, que se aleja,
que no tiene nada,
que sólo se tiene a sí misma. [1]
Este poema lo encontré gracias a la magia de la llamada nube cibernética. Lamento que su autora no haya ofrecido su nombre, porque es hermoso y rítmico, gracias a ese talento desconocido que nos regaló su alma.
El 8 de marzo se celebró un Nuevo Día Internacional de la Mujer. Y quise escribir unas reflexiones-angustias al son de mis dedos que se mueven sin cesar por el teclado. Los dejé solos. El impulso que tenían anuló mi voluntad. Se movían al compás de mis pensamientos y mi corazón. A veces es bueno que no medie la razón, sino el alma. Dejar que se exprese sin tapujos, sin racionalidades intelectuales que mediatizan sus sentimientos.
Inicié estas reflexiones preguntándome si debía escribir estas palabras. Durante más de dos décadas he dicho lo que pienso, he atacado a las que he llamado NO-MUJERES, aquellas que solo tienen su sexo para distinguirse. Ellas no pertenecen a nuestro grupo. Ellas no han luchado con coraje y valentía para ganarse su espacio.
Reflexionaba si he cambiado a través de los años. Sigo siendo la misma, pero diferente. Sigo pensando lo mismo, pero con matices. Sigo defendiendo y levantando la voz, pero sin las estridencias de antes. Sigo añorando con una sociedad más justa, pero sin las utopías cegadoras de la libertad de pensamiento y la libertad creadora. Sigo defendiendo el espacio de la mujer, pero ya no tengo tantas ganas de gritar como antes.
Comencé a conocer el feminismo de los lejanos 80. El radicalismo de entonces se justificaba. Las mujeres habían perdido el miedo, y gritaban a viva voz en contra de una cultura machista, y excluyente. Para romper los cánones, decidieron enfrentar las estructuras existentes, culturales, políticas y sociales. A fin de diferenciarse de las mujeres que aceptaban el pasivo rol impuesto por una sociedad que aplastaba sus vidas, las aguerridas feministas se dejaron el pelo salvajemente suelto, asumieron vestimentas cargadas de simbolismo: faldas largas, cintas en el pelo, pulseras hechas de cualquier cosa…. Ellas querían construir caminos nuevos. Y siguieron sus impulsos. Y ganaron muchas batallas.
Nunca quise ser como ellas, a pesar de que entendía y defendía sus banderas. Me parecía exagerado el esnobismo, y en lo más profundo de mi corazón sentía que un discurso tan radical lo que hacía era demandar un cambio del agente dominador, aplastar al hombre para ser dirigido y humillado por las mujeres. Esta discusión la tuve por mucho tiempo con algunas feministas, que no aceptaban mis opiniones.
A medida que el tiempo transcurrió la participación femenina en los diferentes espacios se iba ganando. Excluidas todavía de la política y de sus estructuras partidarias, un grupo planteó las cuotas. Un debate todavía vigente que tiene sus adeptos y contrarios. Lo cierto es que aun cuando se llegó a un supuesto consenso, en nuestro país nunca se ha cumplido. Y las mujeres de los partidos siguen en ese batallar.
En las universidades dominicanas y me atrevo a asegurar que, en el mundo, las mujeres hemos ganado muchas batallas. Somos más en población estudiantil y nuestros rendimientos son muy superiores al de los hombres.
Hoy, a mis 62 años, después de haber librados cientos de batallas. Después de haber reclamado pública y privadamente, la igualdad de las mujeres en todos los planos, creo que es tiempo de repensar el discurso. Como mujer no quiero que me concedan nada. Aconsejo a las jóvenes que deben llegar tan lejos como sus capacidades se lo permitan y que sus sueños las guíen.
A veces el precio de destacarse en diferentes áreas es la soledad. Lograr el equilibrio vital en todos sus componentes es muy difícil. ¿Cómo ser empresaria, obrera, trabajadora por cuenta propia, profesional, dirigente, política, intelectual o maestra; y al mismo tiempo ser madre, esposa, hermana, hija y abuela? No es fácil lograr el equilibrio. A veces la tensión entre tantos roles nos coloca en posiciones extremas. ¿Cuál dimensión privilegiar? Reconozco que he tenido suerte.
Abogo, y gracias al cielo porque me lo regaló, por una pareja imperfectamente iguales. La igualdad supone que no queremos caminar detrás de los hombres, pero tampoco delante de ellos. La igualdad supone caminar juntos, en una misma dimensión. Implica construir el camino al mismo ritmo, levantar los obstáculos unidos por objetivos comunes. Que los proyectos de vidas sean pensados tomando en cuenta mis sueños y YO los suyos, para convertirlos en NUESTROS SUEÑOS. Que así sea, amén.

Mujer…
me siento feliz de serlo,
de disfrutar cada día…
Feliz de verme en el espejo
y mirar mi rostro contento,
de tener pensamientos
y grandes inquietudes todavía.
Soy mujer y lo disfruto,
disfruto cada minuto,
me complace serlo.
Soy distinta,
quiero ser mejor,
Feliz de ser mujer, YOLANDA BARRY