En el mes de la patria… Los padres de la patria

A1

Tambores de gloria resuenan; anunciando, con gran esplendor,
el heroísmo de Duarte, Sánchez
y Mella
fundadores de nuestra nación.
¡Oh! patria hermosa, patria mía,
patria de cara al Sol
Que con sangre, de nobles mortales,
pagaste tu redención.
Y te alzaste ante grandes naciones
con la fe puesta en tus hijos,
esos que clamaron por verte
erguida
y te libraron del yugo enemigo.
Alzaste al cielo tu cruzada,
la bandera tricolor: rojo, azul, blanco,
y las palabras de Duarte en tu corazón.
Y es por eso, oh patria amada,
que te juro lealtad.
La patria de: Duarte, Sánchez
y Mella, por siempre, por siempre
vivirá. José Acevedo Jiménez
En este mes de la patria vuelven a la palestra los nombres de Duarte, Sánchez y Mella. Y otra vez son utilizados en discursos vacíos y utilitarios.
Durante mis cinco décadas de profesora de todos los niveles de la educación, los estudiantes, de todas las edades, formaciones y grados me han preguntado siempre por qué en nuestro país existen tres Padres de la Patria, cuando en la mayoría de los países hermanos solo existe uno. Yo trato de explicarles, pero sin convencerlos mucho.
Según he podido husmear la tríada de los padres de la patria surgió con Ulises Heureaux. Como escribía en mi libro “Ulises Heureaux. Biografía de un Dictador”: “Este sentimiento de pertenencia a una nación, a una patria fue incentivado con el homenaje constante a los héroes de la Independencia y de la Restauración. La idealización de los “Padres de la Patria”, Juan Pablo Duarte, Ramón Matías Mella y Francisco del Rosario Sánchez, constituyeron piezas clave en el discurso lilisista, homenaje cuyo propósito era el de incentivar la idea de la necesidad de crear, fortalecer y defender la nación”.
Ulises Heureaux era vehemente en sus discursos, y como muchos de los políticos de hoy, utilizaba el discurso utilitario e irresponsable para invocar el ejemplo de esos seres que lo sacrificaron todo por el ideal de la patria:
“Lo que hoy somos, lo que hemos crecido, lo que hemos mejorado del caos sombrío de las épocas turbulentas a esta era de estabilidad y de reconstrucción, todo lo debemos a la paz, y la razón y el patriotismo nos exigen que consagremos a su mantenimiento cuantas fuerzas morales y materiales hayamos podido acopiar en los días de bonanza transcurridos.
Volvamos la vista hacia el pasado, hacia ese ayer de más de media centuria que llamaremos 27 de febrero de 1844 y abarquemos en conjunto la situación de nuestra naciente nacionalidad: por un lado la ausencia general de proveer a las necesidades más urgentes y perentorias (…) luego la novedad del asunto en estos mares y en estas regiones que parecían pacificados, nuestro antiguo forzado aislamiento (…) y no obstante, de ese caos que así puede llamarse, de esa confusión de tristezas y de agonías (…) surgió espléndida de luz y de victorias una nacionalidad: una patria de nuestros amores y de nuestro orgullo”.[1]
Durante los años de la dictadura de Lilís, se institucionalizaron los actos solemnes para conmemorar los aniversarios del 27 de Febrero. Quizás sus discursos han sido copiados por los políticos que le sucedieron.
Cuando estaba en la universidad, por la lejana década de los 70 (terminé la licenciatura a finales de 1977 y en enero de 1978 fue la investidura), hubo una polémica muy interesante. Los padres de la patria fueron puestos a juicio. El muy transgresor de las verdades históricas Juan Isidro Jiménez Grullón, que escribió el mito de los Padres de la Patria que generó muchas discusiones en la intelectualidad de la época. Como joven inquieta leí el libro con avidez, pero no me hice una opinión en el momento. No me atrevía a tomar posición. No me sentía con las razones suficientes para enarbolar un discurso.
Me encantaba, sin embargo, que alguien se atreviera a cuestionar el papel de estos hombres que desde el siglo XIX se nos presentaban como nuestros Padres de la Patria. Cuando salió el libro, generó un gran debate histórico sobre el papel de Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Mella, mentores de la Independencia Nacional de 1844. El libro fue reeditado por el Archivo General de la Nación en el año 2014. Su presentador Antonio Thomén, decía que: “Juan Pablo Duarte, perseguido, repudiado, vejado, vilipendiado, amenazado con ser pasado por las armas; condenado como traidor a la patria, advertido, conminado, execrado, desterrado, olvidado, aún no ha sido comprendido y desentrañado por los dominicanos”.[2]
Lo cierto es que Juan Isidro Jiménez Grullón puso el dedo en la llaga. De repente comenzaron los sanchistas, los mellistas a defender a estos seres. Duarte era atacado porque no estuvo en el país el día en que se proclamó la República.
Nadie puede negar que Ramón Matías Mella fue un cercano colaborador de Pedro Santana y fue el jefe de la misión que envió el Gobierno encabezado por el líder hatero fue a Europa a negociar el reconocimiento de la independencia o la anexión.
Por su parte, Francisco del Rosario Sánchez, tomó partido en la disputa entre los líderes conservadores Pedro Santana y Buenaventura Báez, sumándose al líder rojo del Sur presentándolo como la mejor opción para dirigir los destinos del país.
Sobre Duarte no se ha podido decir nada. Solo que era un teórico que no tenía valor. Afirmación falsa e interesada.
Me he preguntado muchas veces si vale la pena resaltar la polémica de desmeritar el aporte que hicieron Sánchez y Mella. Yo pienso que no, que los pueblos necesitan valores y símbolos, sin negar la verdad histórica. Ellos fueron seres humanos con virtudes, defectos, aciertos y errores. ¿por qué desmeritar sus aportes al hermoso proceso de la independencia?
Y aunque el dictador Lilís utilizó esos símbolos para su propio beneficio, era de los que decía que “no se puede mover los altares porque se caen los santos”. Ni santos ni diablos, seres humanos, nada más.
Preservemos la memoria histórica, sin obviar los errores, sin negar sus malas opciones. Sencillamente aceptemos que la historia es una construcción de seres reales, no sobrenaturales. Ellos cuestionaron sus herencias y actuaron en consecuencia. Lucharon y se sacrificaron, aunque hayan errado, aunque se hayan equivocado en algunas de sus opciones. He dicho.

[1] Discurso de Ulises Heureaux el 27 de febrero de 1896.
[2] Soila Paniagua, “AGN presenta libro “El mito de los Padres de la Patria”, Periódico Hoy 7 octubre, 2014


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