En espera del reordenamiento

El uso habitacional en alto riesgo y condiciones infrahumanas sobre las riberas de ríos del Gran Santo Domingo debe desaparecer gradualmente, a lo que el Estado se muestra dispuesto a través del programa de reordenamiento denominado Urbe, planificado con rigor y que en pocos días comenzaría con el traslado de las 1,400 familias más expuestas a peligro llamadas a recibir indemnizaciones y apoyo oficial para ir a residir en lugares seguros de la cercanía, preferiblemente, en acuerdo con cada familia. No se podría pedir más en vista de que las autoridades se muestran conscientes de que se trata de un problema social a ser manejado con sensibilidad y receptividad a reclamos individuales. Un gran paso contra un mal que el Gobierno trata de resolver con el menor efecto secundario y que serviría de modelo económicamente factible para que el Estado pueda extenderse en el saneamiento de riberas.
El caos de asentamientos en sitios vulnerables de mucha pobreza, en este y otros franjas de alta densidad, tiene que ser enfrentado como prioridad. Las condiciones de miseria presentes en suburbios calamitosos de la ciudad, aunque incluyen hábitats que pueden ser rehabilitados en situ, han estado ahí como expresión de injusticia y marginación en contraste con el buen orden que brilla en otras áreas urbanas. El reto es llevar más sectores a una vida digna.

Un tonto… o muchos?

Los timadores profesionales creen a pie juntillas que por esas calles de Dios siempre aparecerá alguien que se deja estafar. Sus potenciales víctimas no suelen quedarse en casa; salen y ahí es donde entran en juego las mallas de la cacería de bobos mediante tentadoras apariencias. En República Dominicana se repiten los escándalos generados por encantadores de serpientes que prometen ingreso fácil vía cadenas piramidales, insólitos pagos de intereses o fabulosas herencias pendientes de reclamación. La mayoría de las estafas ocurre a plena luz del día con incursiones en redes sociales y otros medios de divulgación. Las quimeras que atraen incautos son, necesariamente, fáciles de detectar por autoridades obligadas a controlar cada negocio que parezca financiero a fin de evitar defraudaciones masivas y proteger a los ingenuos.


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