En Vivo. Perros y farándula

En la selva farandulera, el chin de ética y moral que quedaba se las comieron los perros realengos como piltrafas que deja caer el carnicero de la mesa donde desgüeza el animal. En el bajo mundo de la farándula subyace todavía un instinto criminal por asesinar la verdad y manchar la honra de quienes les han dado altura y prestigio a este medio farandulístico. Dije en el acto donde se me otorgó el Premio Acroarte al Mérito Periodístico: “En periodismo, la palabra meritorio tiene un gran peso. Significa compromiso moral, ética profesional y sobre todo, integridad personal. Cuando un periodista vende su pluma al mejor postor… está asesinando la verdad”. En este medio hay “profesionales patológicos” de la mentira que de tanto repetirlas, los espectadores se lo creen. Usted los ve con un aire doctorado, haciendo gala de su buen manejo del verbo y son como un “iceberg”, que en el fondo están podridos. Como dijo Galeano, “me caí del mundo y no sé cómo se entra”. He cruzado, y sigo cruzando “por el lodazal y no me enlodé”.


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