Encierros prolongados

República Dominicana aparece en la lista de países con mayor número de presos preventivos bajo penosas privaciones de libertad en recintos congestionados y afectados por la violencia latente y predominio de la insalubridad. Más del 60% de la población carcelaria espera sentencias, muy por encima del promedio regional a pesar de que el Sistema Judicial está supuesto a desenvolverse en un marco de procedimientos teóricamente favorables al acusado. Con las innovaciones para garantizar derechos a los justiciables no se está logrando el objetivo de impartir justicia a tiempo para que la denegación no sea una fuente de males contra la ciudadanía que se equipara a la propia delincuencia. Estudios de organismos indican que miles de dominicanos quedan prolongadamente entre rejas por delitos menores que ameritarían sanciones menores. Fallan sensiblemente en diversos casos las investigaciones y procesos y queda vulnerado el principio de que la prisión debe ser la excepción. Con su perenne insuficiencia para cubrir necesidades, el Estado empeora los efectos de su precariedad cuando gasta sin medir las consecuencias de desatender prioridades. Manteniendo sus almacenes de presos congestionados aumenta los costos del sistema penitenciario e intensifica tratamientos injustos sin beneficio para la sociedad, pues la reducción de la criminalidad para que la gente se sienta más segura sigue siendo materia pendiente.

Prioridad para la gente

La puerta de entrada a la atención médica en general debería ser, para la mayoría de los casos, el nivel primario establecido para soluciones expeditas a los problemas de salud que no hacen imprescindible la asistencia de mayor grado y alto costo. La insuficiencia de ese mecanismo selectivo recarga el sistema sanitario, en lo público y en lo privado, y lanza indiscriminadamente a las personas a servicios asistenciales de rango más elevado aunque no los ameriten en un primer momento.
Ese cedazo es abominado por algunos médicos y dueños de clínicas. Temen que la racionalidad a la hora de los quebrantos les reste pacientes que algunos de ellos prefieren ver como clientes que sueltan cuartos más que como enfermos. Un enfoque socialmente injusto que concede prioridad a las ganancias.