Entrañable noche dedicada al maestro Pavle Vujcic

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Una noche entrañable vivimos en la Sala de la Cultura Aida Bonelly del Teatro Nacional, donde tuvo lugar el concierto ofrecido por la Orquesta de Cuerdas integrada por músicos de la sección de cuerdas de la Orquesta Sinfónica Nacional, dedicado a la memoria del violinista Pavle Vujcic, en el primer aniversario de su fallecimiento.
Previo al concierto, luego de ser leída su semblanza, -honor que agradezco-, el maestro José Antonio Molina, director de nuestra Sinfónica Nacional, dedicó al meritorio músico bellísimas palabras de reconocimiento, de las que extraemos los siguientes párrafos: “Pavle fue un virtuoso del violín, músico exquisito que nos regaló el lujo de su sabiduría y experiencia, su elevado sentido de la disciplina y respeto por los demás.
“La historia de nuestra orquesta no podrá contarse nunca sin pasar por la página inscrita en letras de oro con que marcó Pavle para siempre la música clásica en la República Dominicana.
“La Orquesta Sinfónica Nacional tiene la gratificante y al mismo tiempo difícil misión de rendir homenaje póstumo esta noche a un ser humano sensible, especial, un músico extraordinario.”
Finalmente, familiares de Pavle agradecieron el homenaje con sentidas palabras.
El concierto. De Antonio Vivalvi fueron interpretadas “Las Cuatro Estaciones” Op. 8, apropiada manera de recordar y rendir homenaje al músico Pavle Vujcic, ya que este concierto era uno de sus preferidos y fue interpretado por él en innúmeras ocasiones.
La obra de Vivaldi fue concebida para orquesta de cuerdas y su Op. 8 consta de doce conciertos, conocidos como “Il cimento dell’armonia e dell’invenzione” –Los cimientos de la armonía y la inspiración–, los cuatro primeros conciertos pertenecen al ciclo denominado “Las Cuatro Estaciones”, obra descriptiva de gran dificultad técnica, que evoca a través de imágenes musicales, las características de cada estación.
Inicia el concierto. La orquesta anuncia con sonoridad alegre la llegada de “La Primavera”, se establece el diálogo entre “tutti” y concertino que con maravillosos trinos describe el canto de los pájaros. El “Largo” es un murmullo de plantas, y en el último movimiento “Allegro” se expone una danza de pastores y ninfas.
En el cálido tiempo de “El Verano”, el violín solista con notas de dobles corcheas, imita el relampaguear de la tormenta, y el tutti orquestal describe con figuras breves y veloces el ambiente de tempestad.
“El Otoño”, es tiempo de cosecha; estructurado en la alternancia, así en el festivo “Allegro” se describen bailes y cantos, y en el “Adagio” se expone una nostálgica melodía que evoca la caída de las hojas. En el “Allegro” final, el violín solista y el chelo inician el diálogo, luego interviene el “tutti”, el coloquio es fascinante, el “ritornello” como un eco repite momentos sublimes.
Llega “El Invierno”. Las primeras notas, con ritmo suave y persistente, describen la caída de los copos de nieve; el trino rápido de los violines asemeja el castañear de dientes provocado por el intenso frío. El primer solo de violín es un torbellino, las notas en “pizzicato” en las cuerdas altas sugieren una lluvia glacial, aumenta la fuerza de la música hasta alcanzar un clímax.
En el segundo movimiento “Largo” el violín canta una bella melodía en la que describe el calor entrañable del hogar. Tras los bellísimos arpegios del violín, la orquesta como en una ráfaga de viento, concluye con un tema grandioso. Las intervenciones solísticas de Zvezdana Radojkovic en cada una de la “Estaciones” están impregnadas de pasión y virtuosismo.
La pequeña orquesta de cuerdas con una integración instrumental impecable, con sonido templado y matices dinámicos, produjo música de alta calidad. El público retribuyó con calurosos y extendidos aplausos, a la orquesta, a Zvezdana Radojkovic en su doble función de solista y directora, luego… los aplausos callan, y tras breve pausa irrumpen de nuevo, en postrer homenaje, a Pavle Vujcic.