Entre tantos papeles, Haffe sobre papel…

El hombre jorobado de Haffe Serulle.

La exposición “Los papeles de Haffe”, recién inaugurada en la Galería Nacional de Bellas Artes, presenta decenas de obras a color, ejecutadas con lápiz, crayón o felpa, y unas pocas en blanco y negro. Probablemente lleguen a más de cien estos dibujos, de distintos formatos, sobre papel -hojas, pliegos o cartones-, que revelan una producción impresionante y un inmenso entusiasmo.
Ahora bien, no nos puede sorprender al ser su autor Haffe Serulle, a quien conocemos, apreciamos, admiramos por sus papeles varios en el teatro dominicano. Esa dualidad, o mejor dicho, esa pluralidad de funciones, explica el título de la muestra: “Los papeles de Haffe”.
La exposición. El término de cuadros no les conviene realmente, por su carácter anti-convencional, su espontaneidad, su obvia libertad. Para que se luzca esta colección y recolección –entre muchas obras más, según lo que parece–, se necesitaba un experto en montaje. Quien se encargó de esta tarea finalmente complicada fue otro artista polifacético –sumando él pintura, escultura, instalación, dibujo, gráfica–, premio de Bienal Nacional, no ajeno a la formación teatral, además: Miguel Ramírez.
La repartición y colocación ingeniosa entre paneles, pedestales y paredes, favoreció el conjunto y cada pieza, por cierto ajena a cualquier academicismo o “ismo”. La calificación que más le conviene es la de contemporánea, si se entiende por la falta de requisitos preestablecidos y cánones transmitidos e irreversibles, admitiéndose aun el parentesco con una formulación pre-adolescente en técnica y proporciones. Recordamos que hasta Pablo Picasso, en un período, perseguía reencontrar, para asimilarlo en su propia obra, el dibujo de los niños.
Teatro y dibujo. La parte visual, de colores y morfologías, de proporciones y espacios, de movimiento y hasta coreografía, tiene siempre mucha importancia en la creatividad escénica de Haffe Serulle. Lo habíamos notado en “La Residencia”, epopeya dramática de la memoria y la desmemoria que él realizó junto a María Castillo en Bellas Artes también.
Dijimos entonces: “…Tan inventivo y experimental como lúdico, libera todas las actividades visibles para el público, y los personajes suelen surgir, con una disposición escenográfica excepcional. (…) Los sentidos, la inteligencia y la emoción se conjugan, la voz sugiere un material que se esculpe, los cuerpos son formas y volúmenes, líneas y signos pictóricos.”
Aquí, invertiremos los términos de la propuesta. Si observamos las figuras que pueblan los dibujos de Haffe Serulle, son todas personajes… cuales protagonistas de sainetes grafico-pictóricos. Monólogos en los pequeños formatos estrechos, confrontación de dos “actuantes”, rostro de tamaño heroico, busto o cuerpo entero, en los más grandes, nuestra imaginación les relaciona con el artista-teatrista. Ninguna obra tiene nombre, pero a menudo se lo “inventamos” jocosamente: el jorobado asustado, el lector impenitente, autorretrato con un casco… y más títulos que se nos ocurren según las obras expuestas.
Un espectáculo. Ahora bien, la inauguración, coincidiendo expresamente con el cumpleaños de Haffe, se convirtió en un espectáculo formidable, bufón y dramático, gracias al Teatro de la UASD, que había venido, casi en pleno, para rendir un homenaje al “maestro Haffe Serulle”.
Dentro y fuera del Palacio, percusión, declamación, pantomima, zancos, ademanes alegres, risas sonoras sacudieron y encantaron a una asistencia numerosa con mucha juventud. Se fundieron lo grotesco, lo hermoso y lo cómico en un ambiente de afecto y gratitud. ¡En fin, fue una apertura de exposición inolvidable para las 70 primaveras de un artista sin par!