Es necesario un coro de todos

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Si hay algo incluyente en este país de amargas exclusiones, eso es la inseguridad ciudadana. No tiene banderías ni castas predilectas. Sin tomar receso, agravia a todos por igual, en cualquier parte y a cualquier hora. Su intensa presencia obliga al ciudadano al encierro involuntario, infunde temor e induce en cada uno la paranoia de la sospecha. Ahora mismo nadie sabe si el uniforme hace al policía o disfraza al delincuente. Nadie está seguro en ninguna parte y a ninguna hora.
Así de intensa y heterogénea como es la agresión contra el ciudadano debería brotar una reacción colectiva para exigirle al Estado que garantice la seguridad de los ciudadanos, que brinde algo más que promesas de operativos y planes que acaban siendo infuncionales. Debe ser un movimiento cívico, pacífico, sin color definido o definido por todos los colores y sentires. Pero sobre todo contundente. Tanto como la inseguridad que lo motiva.
Cuando los gobiernos demuestran debilidades, los gobernados están llamados a empoderarse de las causas sociales, y hacerlo de la manera más civilizada y pacífica posible. Los ciudadanos de este país deben declararse hartos de ser las víctimas por omisión del propio Estado que los desprotege. El país tiene que convertirse en un gran coro con voces de todos los matices y el canto único de exigir protección efectiva.

Hay que achicar las diferencias

Entre el alza de 30% que aspiran los trabajadores y el 9% propuesto ayer por los empleadores hay una distancia considerable. Eso hizo que la reunión moderada por el Comité Nacional de Salarios concluyera sin acuerdos y quedara convocada para continuar hoy. La aspiración de todos debería ser que las posiciones de unos y otros se aproximen más a términos de realidad. Nadie puede vivir con el salario mínimo más alto de la actualidad, como bien han dicho voceros del Gobierno. Y un alza general de salarios es una necesidad real, han expresado los empresarios.
La razón aconseja que se depongan las posiciones dominantes y que se avance hacia un acuerdo satisfactorio para las partes. En las reuniones pendientes debería predominar una voluntad de conciliar estas posiciones que lucen tan distanciadas una de otra.


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