Esas “sorpresas” que se demoran

La opinión pública profesa admiración al presidente Danilo Medina por su atención sin previo anuncio a las necesidades de colectividades dispersas y la sencillez de trato que humaniza su alta investidura. Pero esa misma gente que le apoya (que en ocasiones además se desahoga con críticas por las redes) lamenta la inacción y el silencio con que se pone distancia de situaciones hasta que se vuelvan crisis. Mucho tardó en llegar un escalpelo contra el exceso de personal en el servicio exterior que generó un derroche fiscal en un país que tiene que tomar prestado hasta para pagar viejas deudas. El intento de remedio que ahora comienza, reveló insensibilidad a la insistencia de una sociedad opuesta a la distribución clientelar de cargos públicos.

Debieron haberse escuchado hasta en la Conchinchina los campanazos de la opinión pública y de los propios médicos contra la marcha insatisfactoria del sector salud con retraso de metas fundamentales en el marco de la seguridad social, mientras se construían obras hospitalarias grandes y bonitas pero poco dirigidas a algunos aspectos esenciales y de toda urgencia para legiones de pobres. La falta de reacción oportuna, omisión que parece alimentada por compromisos políticos y adhesiones indoblegables, hizo que al final el lobo del que tanto se alertó que vendría, apareciera de verdad para cebarse en la infancia.

DISPUESTO A PASAR LA PRUEBA

Ha marchado con retraso y algunos tropiezos la regularización de extranjeros sin papeles que le han sacado provecho a la fragilidad de los controles fronterizos y a la actitud de los empleadores que, casi sin excepción, siguen abiertos a la mano de obra irregular violando la ley. El Gobierno ha procedido con claridad y determinación para poner orden en la migración, que estaría más al alcance si Haití cooperara más documentando a sus ciudadanos y cierta burocracia local fuera más ágil.

El consultor jurídico del Poder Ejecutivo, César Pina Toribio, dijo sin titubeos que República Dominicana confía en poder demostrar ante la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (a la que ha sido citada y de la que espera que sea objetiva) que aplica con justicia y vocación humanitaria las normativas de la Ley 169-14 para el tratamiento a los extranjeros. El reto está aceptado con responsabilidad.

 


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