Escándalo elecciones mexicanas ayuda a víctima

Ricardo Anaya, aspirante presidencial de México

Para un aspirante a la presidencia, ser atrapado en cámara tildando a los principales funcionarios encargados de hacer cumplir la ley de “hijos de puta” normalmente no sería algo beneficioso.
Pero Ricardo Anaya tiene varias defensas. Para empezar, no fue él quien realmente lo dijo, al menos según su equipo (un miembro del séquito del candidato ha reconocido su autoría).
Entonces, y más fundamentalmente: ¿por qué se estaba grabando a Anaya de todos modos? ¿Por qué se lanzó el vídeo resultante a la televisión nacional? ¿Y por qué, en primer lugar, se arrastró su nombre a una endeble investigación por lavado de dinero?

Expuesto así, el último escándalo que domina los titulares en la campaña electoral de México parece otra cosa: una batalla entre el partido gobernante, el PRI, que controla la maquinaria judicial, y la coalición reunida por Anaya, de 39 años.
El premio: representar la política tradicional de México en una pelea pareja en las urnas en julio contra el candidato izquierdista Andrés Manuel López Obrador.

Y parece que Anaya está sacando ventaja. Casi todas las encuestas lo colocan en el segundo lugar general, cómodamente alejado de José Antonio Meade, del PRI, aunque muy por detrás de López Obrador.

El PRI y el PAN de Anaya son los únicos dos partidos que han ocupado la presidencia en la historia moderna de México. Pero decir que hay una brecha política fundamental entre ellos sería exagerado. La reforma del sector energético, por ejemplo, fue el logro característico del último período del PRI en el Gobierno, y cuando las medidas de apertura de la industria a la inversión extranjera llegaron al Congreso, Anaya ayudó a dirigirlas como portavoz de la cámara.

La campaña de Anaya se ha centrado en los numerosos escándalos de corrupción que han ayudado a que el PRI sea tan impopular.

El procurador general Alberto Elías Beltrán, designado por el PRI, dice que el video muestra a Anaya rechazando una invitación de los fiscales para dar testimonio sobre los cargos por lavado de dinero, que se refieren a la venta de una propiedad. El video tuvo que ser mostrado, dice Beltrán, porque el público tiene derecho a saber sobre un evento tan “emblemático”.

Para Anaya, se trata de un caso en el que el Gobierno espió a sus oponentes y un poder judicial supuestamente neutral rompió todas las reglas para filtrar detalles confidenciales de un caso inventado con fines políticos partidarios.
Anaya está reuniendo a los legisladores para exigir la destitución de Beltrán, y habla por radio todos los días para defenderse. Algunos de los escritores y artistas más prominentes de México han intervenido para decir que aunque ellos no voten por Anaya, este ha sido injustamente atacado.