Escuchar eso

Escuchar eso

Tarea fácil que devela. Jornada de concienciación que podría espantar o advertir. Obligaría a mirar de otra manera, conminaría a ir más lejos, a dejar el eco, y repensar. La rutina de consignas es fascinante, es la letanía que logra expiación y simula compromiso. Cuando el latín era el camino para llegar al cielo, repetir kyrie eleyson, salvaba. Pocos entendían el estribillo, empero, decirlo con fe, aseguraba perdón. Saber compromete demasiado, también exige.
Sin conocer la realidad circundante, la cotidianidad aviesa, el deseo de un país mejor se convierte en cháchara ocasional y oportunista. Ropaje coyuntural para regatear espacios que se asumen propios. Porque el país no es solo el mío sino el de todos y la violencia no es un regalo ni obra de un taumaturgo sino una construcción. Detrás del reclamo militante se puede esconder un estuprador con indulgencia social y silencio como manto protector. Detrás del discurso ético hay una deuda de sangre con mancha lavada. Encubrir es insano y las poses devienen en caricatura, aunque, a veces, muy tarde.
Un prestante oftalmólogo criollo tuvo una revelación y no divina. Feliz, porque sus hijas aceptaron su compañía para asistir a un emblemático festival, calzó unas cómodas zapatillas, dispuesto a disfrutar la jornada musical, con desmesura de bacanal. El cansancio no alteró su ánimo, compartir con ellas compensaba. Jamás imaginó que su percepción de la candidez y afición por la música de sus retoños, cambiaría de forma radical. Aquello fue un ritual de iniciación sin consentimiento. De repente, algo comenzó a mellar su buena onda, percibía unas letras incomprensibles de unas “canciones” que repetía la multitud enardecida. Como si estuvieran clamando al Señor, coreaban, solicitando golpes, violaciones, maltratos. Pedían marihuana, alcohol.
El hombre estaba confundido. Salir, imposible, protestar in situ, impensable. Cuando finalizó la velada, más ruborizado que indignado, le dijo a las jovencitas: mañana tenemos que hablar. El médico perdió la inocencia esa noche. Se percató que no solo sus muchachas sino el entorno que las circundan y determina, canta aquello. El grupo social que solicita transformación y demanda que se detenga la violencia, vocifera desenfrenado pidiendo que le peguen. Algunos, capaces de diseñar campañas tiernas y hacer lacitos multicolores, miran tranquilos el video de un artista “pegao” que declara: “tengo una punto 40 para volarle la cabeza a cualquiera” y lo proclama, acompañado de niños sonrientes que repiten las estrofas. “Dale gatillo” es un mantra pegajoso. La descripción de “Tengo Cuatro Babys” engalana fiestas de graduación y de 15 años.
Entre cavas y Ferragamo, retumba “felices los cuatro”, “prende el pachuché pa ponernos caché”. Igual repica la satisfacción con “la demoniaca que le gusta el castigo… Antes de la infracción cometida por el cantante urbano “Alpha” y aquel castigo creativo, el asombro solo llegaba a los gorjeos de Omega. El Alpha fue sancionado luego de profanar el nombre de los padres de la patria, con una pena extrajudicial: barrer la Plaza de la Bandera. El dislate obligó a descubrir su prosa. El juglar es creador de “soy el único que mata la mujeres pero la deja viva”.
Hubo un tiempo de protesta para denunciar “Amárrala con cadena”, “Cómetela ripiá”, “Pónmelo ahí que te lo voy a partir”. Fue tiempo de ilusión, obligaba a comparar versos sofisticados que encubrían la misma violencia y misoginia. Por cada merengue soez y agresivo había -y hay- sones, boleros y rancheras descalificadores útiles para enamorar generaciones, también para el desamor. Sin embargo, la poesía ayuda, es contraste con horridas frases que exponen detalles de la intimidad. Advino la corrección política, el derecho a la libre expresión, la reivindicación de aquel París del 68 y su “prohibido prohibir”. El derecho a crear, a propalar la violencia, el insulto. Pena de la vida a quien pretenda proscripción alguna. Sí debemos escuchar. Oír es percibir con el oído los sonidos. Escuchar, prestar atención a lo que se oye. Procede escuchar “eso” que están cantando, para evitar la conmoción del amigo médico.


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