Ese 12 que atormenta

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EL temor a la revelación, al destape de miserias. Mejor callar. La discusión abriría la caja de los mitos. Ánfora clausurada, con descrédito para Pandora porque así es mejor. De ese modo no se desenreda la maraña del libreto cómplice. Demeritaría la letanía impía de un guion libertario que nunca existió y solo la progenie cree. Sagrada Bujosa Mieses, repite el reclamo cada conmemoración. Están pendientes las respuestas. De la indiferencia a la mofa, del desdén a una enorme irresponsabilidad histórica. Una indolencia culposa retrasa y arrastra frustraciones que pretenden desdorar la hazaña. Camaradas con vocería a la medida. Auto engaño, complaciente y consentido. Intrepidez de pacotilla forjada en la retirada, en la excusa que todos conocen y algunos aplauden, para esconder la vergüenza propia y ajena. Enfrentar el documento, el contenido de una desgarradora y contundente confesión ideológica, derrumbaría esos tótems de barro que aún pululan y reciben salvas disparadas desde egos cotizantes.
Aniversarios van y vienen, los golpes en el pecho se suceden, pero la fuerza mayor es para no levantar la losa que protege la fantasía. El documento suscrito por Amaury Germán Aristy se rechaza. Y en lugar de refutar, difaman.
Entre injuria y realidad, es imperativo reconocer la contundencia de la persistencia. Ese insistir, cada 12, ese martilleo de la dignidad versus el dolor, frutos produce. Y en esos menesteres, la mención obligada de Miguel Cocco Guerrero que nunca dejó de ser resistente y convirtió en bandera el compromiso con Germán Aristy y “los muchachos.” 46 años después existe un monumento a la Resistencia en el kilómetro 14, la ley 1-13 que declara el 12 de enero de cada año, como Día de la Resistencia Heroica: “en honor a los hombres y mujeres que lucharon por una sociedad más justa, basada en la cultura de paz, la verdad, la justicia y el respeto de los derechos fundamentales consagrados en la Constitución dominicana” y el Archivo General de la Nación auspicia la exposición de fotografías: “Los Palmeros: 46 años después.” Homenaje a Amaury Germán Aristy, Bienvenido Leal Prandy, Ulises Cerón Polanco y Virgilio Perdomo Pérez. Inimaginables tales logros para los gestores del oprobio, ejecutores de la violencia sin sanción.
Cualquiera que desee conocer la historia busca y encuentra. Cualquiera quequiera cotejar testimonios, contenido de publicaciones, refutaciones, tiene en las hemerotecas, en el AGN, el material. También puede tocar la puerta de la Fundación Amaury Germán Aristy” y encontrará. Que visite Padre Las Casas y comprobará como, a fuer de la insistencia de familiares y autoridades comprometidas, los lugareños dicen con orgullo: esta es la tierra de Amaury. Para entender el 12 de enero, e ir más allá de la epopeya de una generación con estrellas en la frente, es necesario el contexto histórico, nacional e internacional. Fechas trascendentes que pautaron militancias, conductas imprevistas que cincelaron lápidas. Difícil imaginar aquello sin el dato. Fusil en mano, mirada al cielo, ilusión de igualdad perdida. Gritos de espanto por la patria, en el 1961, 1963, 1965, 1972. Latido ido en cada palabra acallada por la sangre que ahogó tantos sueños. Para entenderlo es preciso imaginar la saña de la represión ilimitada, sin misericordia. Conocer el país que fue y no será jamás. Evaluar la perenne paradoja que nos signa: 1961 y el trujillismo ideológico fuera del poder, las escarpadas montañas con cadáveres y ninguna reacción condigna. Abril, con su oficial trujillista, con un cuestionable historial, que acudió a la cita gloriosa en el 1965, y en el 1973 su inmolación no alteró la vida nacional. El pasmo inaudito de los grupos comprometidos con la lucha, después del exterminio de los cuatro muchachos que enfrentaron a 2,500 miembros de las Fuerzas Armadas dominicanas. La razia continuó sin mayores consecuencias que el dolor. Porque como expresa José Israel Cuello: “La izquierda se enfrentó a sí misma, se destrozó entre sí, como todos los pueblos nómadas que confunden sus rumbos. Se agotó, se extinguió, dejó de ser…”